Arf
Me muero del resfriado. Me duelen los huesos, tengo la cabeza como si me hubieran dado con un martillo de goma entre los ojos y no puedo concentrarme en el libro que estoy leyendo. Ni fernandoles, ni vaporizadores, ni caldos: nada me alivia. Y oye, qué ganas tengo de quejarme. Y de que me arropen. Y de que me hagan regalitos. Y si fuera un aipoz de los grandes, seguro que la convalecencia me duraba menos. Un aipoz. Me gustan los platalizados.
Arf.
