Las vocales largas, trasguear y un escupitajo
Sí, señores, llevo doce horas sin dar pie con bola por el puto Tüíter de los cojones. ¿Y por qué? Pues porque la gente tiene muy mala sombra y no tiene en cuenta que cuando las cosas me van bien, estoy en paz con el universo y no me falta de nada, necesito buscarme algún problema que me provoque un sentimiento de intensa amargura y entonces mi mente se ve obligada a ocuparse de cosas que me hagan parecer un verdadero perturbado: cualquier conflicto, hanépdota o situación sin relevancia puede convertirse en una tragedia de consecuencias importantes (puede tratarse de perder el tren, de que se me queme el arroz o de que me haya manchado la camisa con el aceite de la ensalada).
Resulta que andaba yo por Tüíter discutiendo sobre Pérez Reverte, ironías de la vida. El tema no viene al caso y solo diré que este señor a veces me parece que es hasta mala persona y todo. Pero como no lo conozco y no sé cuáles son las motivaciones que le empujan a tüitear lo que tüitea e incluso sospecho que no es él quien escribe sus tüiquis, me abstengo de entrar en detalles. Solo diré que tiene que ver con el aniversario de la II República y tal.
NB: lo de la diéresis no es mío, es de Fer Díaz, pero me supergusta y me lo apropio.
En cualquier caso: la conversación llevó a mentar a Freud y su «Psicopatología de la vida cotidiana», que recomiendo, aunque quien la lea correrá el mismo peligro que yo: a partir de ese momento se dará cuenta de que hasta el maquinista del convoy de cercanías tiene una histeria de conversión por su manera de frenar o que la verdulera del Mercawoman padece un grave trastorno psiquiátrico porque preparando las bandejas del cocido pone un nabo de más. No un trozo de col o de apio, no, un nabo, evidencia más que suficiente para certificar que esta señora sufre una psicosis severa desde que tenía seis meses. Pero es que… ¿a qué persona en su sano juicio se le ocurriría poner DOS NABOS en la bandeja del cocido?

Me estoy enrollando demasiado. La cuestión es que en la primera edición de la «Psicopatología de la vida cotidiana» aparece esto:
«Nun ist die Luft von solchem Spuk so voll, Daß niemand weiß, wie er ihn meiden soll.»
Esta frase me la pasaron por el tüiqui y lo primero que pensé es «qué cutre el tío este, que se le ha olvidado la ‘c’ de ‘Spucke’». Claro, la traducción (rápida en inexacta) no me encajaba mucho:
«El aire está tan lleno de escupitajos, que ya nadie sabe cómo esquivarlos.»
Pero se me quedó la mosca detrás de la oreja y pensuve «Frikitoncia, búscalo en el diccionario, no sea que estés metiendo la pata, que esta frase no es muy de Freud». Así que lo miré en una copia digital del libro y vi que, a no ser que Freud y el corrector hubieran metido la pata, cosa que me extrañaba, la palabra «Spuk» tenía que existir en alemán. Diccionario al canto y ¡zas!, allí estaba la palabra, la muy hija de puta. Náuseas de vergüenza, rubor y congoja. «Spuk» viene del holandés antiguo «spook» y significa «espectro, espíritu, fantasma» y similares. También existe el verbo «spuken», que es una de las palabras más maravillosas que conozco en alemán y que en español significa «estar encantado / poseído / habitado por fantasmas» o también «trasguear», que por derecho propio se ha convertido en uno de mis verbos favoritos. La RAE dice que «trasguear» significa «fingir o imitar el ruido, jugueteo y zumbas que se atribuyen a los trasgos», reconoceréis que es un palabro fascinante.
La cuestión, y aquí es cuando viene el misterio filológico, es que desde entonces llevo pensando en palabras alemanas que terminen en /k/ y tengan una vocal larga y no encuentro ninguna. Puede que sea una gilipuertez, pero, oye, llevo doce horas, DOCE (en estos momentos son ya dieciséis), dándole vueltas al asunto y sigo sin salir de mi perplejidad. Y lo peor del caso, que fue lo que llevó a plantearme cuál es el sentido intrínseco de mi miserable vida, es que no sabía cómo pronunciarla. Llegué a pedir ayuda por correo electrónico a filólogos de confianza para preguntar si sabían resolver el enigma. Llevamos doce correos al respecto. Por suerte pudimos encontrar un artículo del diccionario de la Wikipedia ande explicaba la pronunciación.
Ahora mismo iba a escribir sobre el problema de las vocales largas y cortas del alemán y por qué es tan extraordinaria esta secuencia de fonemas, pero esto se está haciendo demasiado largo y corto aquí y ahora. A ver si me pongo y cuento las maravillas de la fonología alemana, que no son pocas, como por ejemplo que mucha gente piensa que el alemán suena fatal y tal por la importancia de las sílabas tónicas, que si parece muy «duro» (no sé qué entenderá la gente por «blando») y demás tonterías que vienen de los doblajes de las películas donde salen nazis y a la cantidad de documentales que hemos visto en los que Hitler decía de todo menos «bonito». Entonces yo me pregunto qué pensarían los extranjeros del castellano si lo único que hubieran escuchado de esta lengua fueran los discursos de Alfonso Guerra o, peor todavía, de Mariano Rajoy: «qué eshesh másh rarunash hacen los eshpañolesh, oye».
Ya sabéis, que dios os bendiga y tal, HAMIJOS, y no os preocupéis, que sé que las cosas de la fonología os preocupan a todos y que no vais a poder vivir hasta que os cuente cómo funciona el alemán.
Besos besos besos.
PD: Se me ha olvidado traducir la frase (sin pensar demasiado, rápida y malamente): «actualmente, el aire está tan lleno de espectros que nadie sabe cómo evitarlos». No ganaré un premio de traducción, pero encaja más con lo que escribió Freud.
PPD: El, perdón por la expresión, HINDIBIDUO MALICNO que indujo este post con sus tüiquis está aquí.

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