Las coronas danesas
Son las 11 de la mañana del viernes 20 de agosto de 2010. Ya he mantenido mi conversación protocolaria con Sonja Hansen y Rasmus Jensen, propietarios de Villa Lavanda. No estoy acojonado porque ya he sobrevivido a esto de una pieza y no me están haciendo regalos en forma de comida grasienta (lo que me haría sospechar que en realidad me están cebando).

Billete de 50 coronas.
Por si acaso, les he contado que Dinamarca me superencanta (primera mentira), que Vejle es la ciudad que yo elegiría para pasar el resto de mis días, cobrando una suculenta pensión (segunda mentira) y que Copenhague es el lugar más maravilloso de la Tierra (tercera mentira).
Ya, ya, Kopenhaven es supermaravillosen, køn sus bicicleten y sus kanalen y sus pålåsten de su reynå que parece un travelen og un travestiten! Ya, ya, la kømiden es very very buena y supersånen y påtrøcinaden por el kolegien oficialen de kårdioløgen! Øh, yæs, yæs, ebrizing væry væry biutiful! Pero kåråmben con los precien, eh? Las kørønen se te vån a håcer punyeten en un pis-pås!!!
Sí, caramba con los precien de los supermerkaden (que aquí se llaman supermarked). Al principien vas al superét (sí, AL SUPERÉT, yo voy AL SUPERÉT), pues eso, que vas al superét y las primeras veces pasas de calcular los precios. A la tercera visita empiezas a controlar los estractos EXTRACTOS (Frikitoncio, eres un VURRO) del banco y es cuando consideras la idea de cagarte en la política monetaria de los países escandinavos y en el Banco Central de Dinamarca. Y es que tengo un trauma personal con los cambios de moneda. Esto es una larga historia que merece ser contada.

Billete de 100 coronas.
En el precámbrico, antes de la extinción de los dinosaurios y de la separación del Estrecho de Gibraltar, empecé a viajar a Alemania. Por aquel entonces, el rey Jerónimo IV de Zamora optó por la introducción de la peseta en detrimento del ducado real palentino porque, en su opinión, la peseta tenía un agujerito muy guay y si no servía para nada, al menos la gente podía hacerse collares y pulseras con las monedicas; lo que no podía ni imaginarse es que los chinos terminarían vendiendo cotas de malla hechas con monedas de cinco duros y las vendían por los mercaditos de España como si fueran de mithril, cuando todo el mundo sabía que eran de imitación, lo que terminó provocando una grave crisis financiera en el mercado de cotas de malla. Pero eso ahora no importa.

Billete de 200 coronas.
El caso es que en aquellos tiempos, la peseta valía más o menos 1,3 peniques de marco alemán, o sea, que 74 pesetas eran un marco. Con lo cual, calcular el precio de la marihuana, los condones y los barbitúricos era un puto suplicio por culpa de la maldita tabla del siete de los cojones.
Mamá, si lees esto, por favor, obvia lo anterior, olvida que entonces yo tenía 12 años y sigue leyendo. I love you so much…
Años después, cuando yo vivía en Bremen, la peseta había remontado y costaba unos 68 titos comprar un marco. Vuelta a la tabla del siete.
Muertos los dinosaurios y en plena revolución cultural tras el descubrimiento del fuego, aterricé en Aachen / Aquisgrán / Aken / Aix-la-Chapelle (que es la ciudad con más nombres que he visto en mi vida, poblada obviamente por numenoreanos), la peseta se había vuelto a devaluar y el cambio andaba por 72 ptas. = 1 DM (1 DM es un marco De Mierda). Pero, cosas del destino, conseguí un piso en la parte holandesa de la ciudad. En otra ocasión contaré cómo descubrí que vivía en Holanda, TRES DÍAS DESPUÉS de haberme mudado. Es una larga historia. En resumidas cuentas, que volvía a la tabla del siete. Pero es que para mi espanto y como vivía en Holanda, tenía que llevar no sólo marcos en el bolsillo, sino también florines, que andaban por unas 66 pesetas. La tabla del seis y medio. Obviamente, decidí buscarme un piso en Alemania.

Billete de 500 coronas.
Total, que entre pitos y flautas me he visto obligado a usar la tabla del siete allá donde he ido. SIEMPRE.
Ahora nos hemos acostumbrado a los euros después de unos traumáticos 166,386 y los putos daneses, para joderme (porque el mundo está contra mí), han decidido que un euro valga siete coronas y media. Cuando llegué no me lo podía creer. Eso que a todo el mundo le parece estupendo y maravilloso, eso que se llama matemáticas de primaria, eso que todo el mundo alfabetizado e integrado en la sociedad contemporáena debería saber sin dudar, me se antoja un conocimiento arcano y misterioso. Sí, me sé la declinación de los sustantivos irregulares del Quenya, los antecedentes penales de todos los personajes de Guerra y paz y puedo mover la oreja derecha. Pero NO ME SÉ LA TABLA DEL SIETE. Y nunca me la sabré.
Señor Leisen, si Vd. está leyendo esto está en su derecho de arrancarme el sobresaliente que me dio en matemáticas en el 88 y de cortarme la mano derecha.
Evitando que te evitarás la tabla del siete y medio empecé a hacer cálculos y llegué a la conclusión de que una de las modernas coronas danesas está a 22 de las antiguas pesetas de vellón, que es bastante más fácil y hace que tu vida sea más agradable, próspera y relajada.

Billete de 1000 coronas.
Así que calculado que hube el cambio, me fui al superét pensando que ya lo tenía todo solucionado y que estaba teniendo una auténtica experiencia escandinava. Y entonces vino la tragedia, el horror cósmico y la pérdida total del sentido de mi vida:
- Un café de calcetín, aguado y con sabor a quemado: 44 coronas. 880 pesetas.
- Una lechuga iceberg mustia, triste y con olor a azufre: 10 coronas. 220 pesetas.
- Un paquete de 400 gramos de pechugas de pollo danés con anorexia: 31,95 coronas. 682 pesetas.
Y me dije Frikitoncio, o paras de calcular en pesetas o te va a dar un chungo. Porque a mí, lo de que sea más barato comprar un iPhone que una cerveza en un bar me molesta, pero no me impide seguir con mi vida . Pero que la verdura fresca esté más cara que un rubí de 100 quilates con talla princesa hace que me entren ganas de ir a la verdulería, comprarme unos pimientos y hacerme un collar. Seguro que la gente me miraría con HEMBIDEA.
Hay productos que aquí son inencontrables, a. s.:
- judías blancas de un calibre mayor que el de un grano de arroz
- pimientos terrestres
- habas
- espárragos trigueros
- berenjenas

Su Majestad, la reina de Dinamarca.
Y esto a bote pronto. Yo entiendo que las tradiciones culinarias de este país difieran de las de la huerta BALENSIANA, quicir, que no soy tan paleto como para poner el grito en el cielo porque no encuentro horchata en las tiendas. Entiendo que los salarios mínimos y tal sean mucho más altos aquí que al otro lado de la frontera, asumo que los impuestos y aranceles o como coño se digan encarezcan todos los productos (excepto el tabaco, cosa que me tiene alucinado, que cuesta un euro y medio menos que en Alemania) y me llega para deducir que un calabacín de Murcia sea más caro por el transporte. Pero insisto: es más barato comprar oro al peso en Valencia que un kg de arroz sintético en Sonderborg.
Método FRIKITIVA para calcular la liquidez monetaria
Como ya he dicho, las coronas danesas son la moneda más volátil del mundo: sacas pasta del cajero y a los seis minutos empieza la oxidación de los billetes. A los 18 minutos exactos se han convertido en polvo.
Así que como medida de urgencia, he creado un método científico para calcular el rendimiento de las coronas y para tener una perspectiva global de tu situación financiera en este país. Las bases del cálculo son las siguientes.
PRIMERO: el euro cuesta 7,5 coronas.
SEGUNDO: una corona rinde lo que diez céntimos. O lo que es lo mismo: con diez coronas compras lo que con un euro en Alemania.
TERCERO: sí, el punto primero y el segundo son contradictorios, pero reales.
COROLARIO PRIMERO: en cualquier cálculo resultante del paso a coronas debe redondearse al 9 más cercano. A ser posible, superior.
COROLARIO SEGUNDO: las coronas se subdividen en 100 céntimos imaginarios, llamados øre, y que sirven para sangrarte el bolsillo un poquito más.
COROLARIO TERCERO: cualquier producto con una banderita danesa cuesta un 20% más.
EJEMPLO PRIMERO
Un libro de bolsillo en Alemania cuesta más o menos nueve euros. Eso son 67,5 coronas al cambio. Pero vas a la librería y observas que cuestan 99,95, que en la práctica son 100 coronas (porque, como dicta el corolario segundo, los ore no sirven nada más que para ocultar su vergüenza) , o sea 13 euros con 33.
EJEMPLO SEGUNDO
Una bicicleta normalita, de ciudad y con siete marchas, cuesta en Alemania unos 400 euros. Al cambio, 3000 coronas. En virtud del punto segundo, 4000 coronas. Si es de la marca Kildemoes (que lleva una banderita danesa y sí, son chulísimas), cuesta 4499,99 coronas, o sea 599 euros.

Bicicleta Kildemoes
EJEMPLO TERCERO
Vas con hambre por ahí y decides meterte en un bar a comer algo. Te sirven un plato combinado de raciones tamaño nórdico (eso sí, las raciones en los bares son para coger un cólico miserere) y cuando te sacan la cuenta te ponen el tique de la caja registradora sobre la mesa, junto a la maquinita de pasar la tarjeta del banco y, a modo de estímulo, una pistola de 8 mm. Cargada.
Un plato combinado grande y hermoso en Valencia serían unos 12 euros, pongamos. Entre pitos y flautas, cálculos varios y chorradas, 129 coronas. 17,20 euros.
OTROSÍ PRIMERO
Un vaso de agua del grifo (con hielitos y una rodajita de limón, todo muy de diseño escandinavo): 8 coronas.
OTROSÍ SEGUNDO
Pagar con tarjeta en un supermercado: suplemento del 4% sobre el valor de la compra.
OTROSÍ TERCERO
El Sr. Jensen, el dueño de Villa Lavanda, cobra 2000 euros de pensión. Y dice que es una miseria.
Pues eso, que aquí todo está carísimo y a veces me siento más paleto que Doña Rogelia en una Apple Store.
Que el Fondo Monetario Internacional os VENDIGA.
Besos en la curcusilla.

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