Ni rastro del inglés
Y no me refiero a un señor con bombín, no. Hasta que llegué aquí pensaba que todo estaría en inglés y que con eso ya me apañaba yo en caso de duda. Bueno, pues NO. SUPERNO. ¿Que quieres sacarte un billete de tren? TE JODES Y APRENDES DANÉS. ¿Que quieres ver las últimas novedades y ofertas de tu Mercabrona de referencia? TE JODES Y APRENDES DANÉS. ¿Que quieres darle dos hostias al paki porque te ha alquilado una bici que no tiene primera marcha? TE JODES Y APRENDES DANÉS.
Básicamente, aquí no hay nada por escrito que esté en otra lengua que no sea el danés. Exceptuamos, claro está, los productos de cosmética y tres o cuatro cosas más. De la misma manera que los españoles aprendemos portugués gracias a los champús y a las pastas de dientes (no sabremos pedir una barra de pan, pero sí que tenemos debilitado el esmalte debido al sarro ya los gérmenes), pues estos aprenden sueco y noruego gracias a los paquetes de azúcar. ¿Pero del inglés? NI RASTRO.
He entrado en la página de los ferrocarriles. Nada. En la web de la biblioteca pública. Nada. En las de las compañías de teléfonos móviles. Nada. Así que me toca ir de aquí para allá en bici (bici que no tiene la primera marcha y me deja el culo hecho unos zorros) y suplicar que me expliquen las cosas pacientemente; suele funcionar. Pero SUELE.
En fin, me voy al pueblo (24 km), después al aeropuerto a comer y ahora vuelvo.

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