Lalandia, ese centro de ocio en el que te querrás morir
En mitad de la pampa danesa, o sea, aquí, podéis encontrar uno de los sitios más escalofriantes de toda Europa. No se trata de un campo de concentración, ni de una discoteca de reguetón, ni de la sección de oportunidades de El Corte Inglés. Es un centro de HOSIO cubierto con unas grandes piscinas con toboganes, máquinas recreativas, restaurantes a gogó y, un pueblo mallorquín.
Sí, un pueblo mallorquín.
Porque si la montaña no va a Mahoma, ¿qué coño?, pues me hago mi pueblo mallorquín aquí, junto al aeropuerto, que me viene mucho mejor, y me lo voy a hacer con todo lujo de detalles, hoyga, con sus arcos de Osgiliath y sus almenas defensivas y sus murallas castellanomallorquinas de toda la vida de dior.
Todo cubierto, claro, porque el ambiente mallorquín empieza a convertirse en infierno ártico de los siete grados bajo cero en adelante. Así que es razonable que las piscinas estén bajo techo. Lo siniestro es que el pueblo mallorquín también esté cubierto bajo una capa de cemento de a palmo convenientemente iluminada para que te puedas comer tu típica pizza mallorquina regada con el típico lambrusco ibicenco y rematada con un típico tiramisú balear al amparo de una suave y cálida puesta de sol artificial.
Pero a los nativos (camiseta amarilla por dentro de unos pantalones cortos azul mecánico sin cinturón, sandalias y calcetines), eso no les importa. Lo fundamental para ellos es tener una experiencia auténticamente mallorquina y así cumplir con el precepto de todo buen escandinavo que consiste en hacer una peregrinación a Mallorca al menos una vez en la vida para averiguar el significado de la palabra verano.
En fin, que lo de los parques de atracciones de por aquí es un tema a estudiar.
PD: Hice las fotos con el móvil, por eso se ven tan mal. Aquí hay más.






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