Bannewitz

Bannewitz, 12 de enero de 1946
Querida hermana:
Por fin puedo escribirte, he conseguido papel y un lápiz. ¡Qué ganas tengo de verte y de hablar contigo! ¿Cómo estás? Espero que bien, seguro que no has tenido tiempo ni de escribirme, como yo, al principio por miedo a que nos descubrieran y ahora porque no he tenido ni un miserable trozo de papel. Seguro que por allí estáis mejor, aunque también bombardearon la ciudad, pero como tú vives en la parte derecha no sería tan grave, que en la izquierda me han contado que el ejército alemán hizo estallar por los aires todos los edificios.
Voy a darle esta carta a Jachet, que dentro de unos días tiene previsto ir a Varsovia, a ver si encuentra a su tía, la que tenía la tienda de telas en la calle Świetojanska, porque aquí ya no le queda nadie, todos murieron en el bombardeo, les pilló escondidos en un sótano, cerca de la Sophienkirche, en el centro, te habrás enterado de que no queda allí más que polvo y piedra desde aquella noche, como en Berlín. El pobre tiene la esperanza de encontrar a alguien conocido en Polonia.
Hermana, espero que estés bien, no tengo noticias tuyas desde casi el comienzo de la guerra y eso me preocupa mucho, porque nosotras estuvimos a punto de ser detenidas, pero gracias a Liesel –¡lo que habrá tenido que sufrir teniéndonos en su sótano!– aquí estamos, tu sobrina Rachel, que cada día está más alta, y yo.
Nosotras tenemos pocas esperanzas ya de encontrar a Yamin. Lo detuvieron en julio, cuando aquí todavía se podía ir con la estrella por la calle. Me dijeron que se lo habían llevado a una cantera, que él era útil para la guerra. No sé dónde estará, quizá ande ahora por Polonia, pero no tengo ni idea. Liesel me contó que no hay razón para preocuparse, que seguro que estará escondido, como nosotras, pero los Stern también estaban escondidos en Dresde y no he vuelto a saber nada de ellos desde febrero del año pasado. A lo mejor se han ido y a otra parte porque aquí ya no les quedaba nada.
Tu sobrina está cada día mejor, un poco más gordita y alta. El otro día se encontró la cabeza de una muñeca preciosa y la vi como venía hacia mí con los ojos bien abiertos de contenta, hacía tiempo que no la veía así. No deja de jugar con ella, se pasa las horas hablando con ella y a veces ya no sé si son una o dos niñas lo que oigo. Le ha puesto un trozo de tela verde que no sé dónde encontró y que no servía para remendar nada. Bueno, pues le ha atado el trozo de tela a la parte del cuello y ahora son inseparables. La llama Lena, como la amiga que tenía en la Reuterstraße. No sabes lo guapa que está, los rizos le vuelven a caer por la cara, aunque está todavía muy paliducha, con cinco añitos que tiene.
El bombardeo aquí fue terrible, me imagino que ya te habrás enterado, todavía ves carteles que dicen dónde está tal o cual familia, o los que han sobrevivido, que hubo muchos muertos, hermana, fue el horror. Pero, que Dios me perdone, desde ese momento pudimos salir, porque ya nadie estaba pendiente de si llevabas la estrella en el abrigo o no, nadie te miraba a la cara y Liesel, que también sobrevivió y que tampoco sabe nada de su marido desde hace más de dos años, nos avisó de que saliéramos por la noche, justo después de las segundas bombas, y menos mal que nos lo dijo, porque si no, nos hubiéramos asfixiado del incendio que había por toda la ciudad. Hubo un momento en que tuvimos que agarrarnos a una farola Liesel, Rachel y yo, y por suerte nos avisó una anciana que también estaba cogida allí como podía, a gritos nos llamaba, no sé qué habra sido de ella. Y menos mal que lo hicimos así, le estoy inmensamente agradecida a aquella mujer, porque al rato, el viento empezó a soplar hacia el fuego del centro de la ciudad, cada vez con más fuerza y nadie sabe todavía porqué fue aquello, vi incluso a una persona que intentaba escapar del viento, iba en una silla de ruedas, sería algún herido de la guerra, hasta que fue a parar al centro de las llamas, y no pudimos hacer nada, porque si nos soltábamos iríamos nosotras a parar al fuego. Pero al final hemos hemos escapado de los nazis, que aquí ya no se ha vuelto a saber nada de ellos desde que los rusos llegaron a Berlín. Algunos han huido, o habrán muero, ¡qué sé yo! No sé cuánto tiempo más podríamos haber estado escondidas en el sótano de Liesel, que Dios la cuide. Ahora celebramos el Shabbat como podemos y, claro, sin decir nada a nadie, que yo no sé todavía qué va a pasar con nosotras, porque si antes los nazis iban detrás de nosotras, ahora los rusos van detrás de cualquiera. Y no sé de ninguna sinagoga que haya quedado en pie cerca de aquí. Pero Dios es misericordioso y se acordó de nosotras y envió las bombas como las plagas a Egipto, y le pido otra vez que me perdone, pero gracias al bombardeo nosotras seguimos con vida, quizá sea peor ahora, que tenemos poco que llevarnos a la boca. Antes Liesel nos daba lo que podía, que no era mucho, pero por lo menos sabíamos que íbamos a tener algo de comida cada día, por poco que fuera. Hermana, si estás viva, envíame una respuesta, busca a alguien que vaya a Berlín, si es que todavía hay gente dispuesta a ir allí, y que pase por Dresde y que la deje en la oficina postal, que yo iré todos los días a preguntar si hay algo. Porque la oficina de correos es de lo primero que han reconstruido aquí, dicen que es importante restablecer las comunicaciones, no sé para qué, si todavía hay gente que se está muriendo por ahí de hambre, o porque le faltan las medicinas, o de pena. Bueno, lo importante es que puedas hacerme llegar tu respuesta. Dicen que en toda Silesia han detenido a mucha gente, y que ya no se puede celebrar el Shabbat, que a muchos los han mandado a campos de trabajo y han desaparecido o los han matado. No quiero ni pensar dónde estará Yamin.
Contéstame pronto, si puedes, que estoy muy preocupada por ti.
Mil abrazos de tu hermana, que te quiere.
Esther.

Comentarios

Ana2 dice:

Pobre gente, que drama…
De lo que el pasado escribió no podemos borrar una coma, sólo aprender…y ojalá que una carta como esta nos haga sabios!!

Óscar dice:

No, ni una ni media podemos quitar. Para que luego se reúnan a decir que el holocausto no existió.

Óscar dice:

He colgado en «Textos» uno que me han enviado sobre el bombardeo de Dresde, por si a alguien le interesa. Es muy largo, pero creo que merece la pena.
Si alguien quiere una versión para imprimir, se la envío por correo electrónico.

Óscar dice:

Esto ha sido a propósito de la memoria histórica. Estoy hasta el moño de la polémica de las narices.

sonia dice:

Fué algo muy duro, pero más duro que lo nieguen.

Jazlima dice:

La memoria histórica es muy importante… con todas las cosas horribles que pasaron en el mundo y en Argentina, creo que hay que tener siempre presente este tipo de hechos históricos.
Sobre todo por eso de que «el hombre es el único animal que es capaz de tropezarse dos veces con la misma piedra» (que no recuerdo quién lo dijo).

Óscar dice:

Sí, de todas formas es complicada la manera de abordar esta memoria del pasado. Yo he vivido en Alemania y te aseguro que los ánimos siguen estando crispados y no hay nadie capaz de ver las cosas con absoluta objetividad. Muchos hay que tienen un familiar que colaboró, de una forma u otra, al holocausto, por ejemplo.

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