Trankimazin del dos

Miren ustedes, seré un ijjjnorante, pero yo no me había enterado de que existía Jorge Valín y mirusté, he tenido que ir por las sales del mal cuerpo que me ha dejado este pitagorín, del que he llegado a leer que tiene desde (TEORÍA UNO) dos licenciaturas en filosofía (???) hasta (TEORÍA DOS) cuatro licenciaturas, dos doctorados y cienes y cienes de libros (tojunto). En fin, que la ciencia-ficción es un género que a todos gusta, no sólo a mí, a los hechos me remito, claro que ya no sé si esto es una distopía o una ucronía o ambas, que sería una productiva discusión literaria.

Bueno, me he encontrado con el este hidalgo caballero en el blog de Carlos Rodríguez, que ponía el grito en el cielo, con toda la razón del mundo, después de haber leído esto:

La prostitución infantil. Si usted mantiene una relación sexual con una joven de trece años y después se va, eso no es ilegal (en España). Pero si usted le paga, está cometiendo un acto ilegal y puede ingresar en la cárcel incluso. La ley no está castigando el hecho en si, sino las relaciones mutuas y consentidas del comercio: “[…] En la misma pena incurrirá el que se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma”[2]. Si usted compra una fotografía de un menor de edad que se pueda considerar pornográfica, también será castigado por la ley. Probablemente la prostituta infantil no quiera serlo, pero a nadie le gusta trabajar. Nosotros trabajamos para vivir mejor y satisfacer a la comunidad lucrándonos por ello. La prostituta menor de edad, suele trabajar, no para vivir mejor, sino para sobrevivir en la mayoría de casos. Al prohibirle su libre elección a trabajar y obligarla a estudiar, le estamos negando una fuente de financiación fundamental para ella y su familia. La prostituta infantil suele estar en países pobres donde apenas tiene alternativas. Su trabajo le permite sobrevivir, y no vivir mejor.

[…]

Chantaje es no difundir el secreto de otro a cambio de dinero, y por lo tanto, es una transacción comercial pacífica del libre mercado —tal vez nos parezca inmoral, pero no vulnera la ética. En este proceso, se intercambia la libertad de expresión de uno (el derecho del chantajista a expresar lo que sabe) por el dinero de otro (el chantajeado). Prohibiendo el chantaje, el estado incentiva precisamente aquello contra lo que quiere combatir: más chantaje. En este marco, el chantajista puede chantajear mil veces a otra persona por el mismo hecho. Legalizando el chantaje las partes pueden hacer un contrato que plasmase el intercambio de los dos (dinero por silencio). Siendo así el chantaje no podrá repetirse.

[…]

La figura opuesta al capitalista explotador, es la “clase marginal explotada”. En la actualidad se tiende a creer que la causa que lleva a la pobreza es la falta de oportunidades que brinda la sociedad, el Capitalismo y la globalización. Asumir estos falsos pretextos implica aceptar que todos somos culpables de la pobreza menos el pobre. Si un “sin techo” pide dinero en la calle, la culpa no es de él, sino de la sociedad que no le ayuda, y la sociedad somos todos, es decir: ¡usted es el culpable que ese hombre sea pobre! Por regla general el pobre o “explotado” tiene unas preferencias temporales muy altas, sólo valora el presente y no el futuro. La valoración extrema del presente, en decremento del futuro, significa enfocar su vida hacia gratificaciones inmediatas como el hedonismo, la ociosidad, la baja producción y el parasitismo. (El caso extremo, es el homeless que se emborracha cada día para no pensar en el mañana).

Las ayudas del estado, especialmente las del “estado del bienestar”, incentivan esta clase de aptitudes [NOTA: ¿¿¿»Aptitudes»??? ¿¿¿No está oPsesionado u oPnubilado???]. El pobre no demanda más libertad e independencia para labrarse un futuro mejor nacido de su esfuerzo, sino más salario mínimo, más bajas por estrés, más subvenciones, más ayudas estatales, más sanidad pública, más privilegios sectoriales, y más leyes que le permitan vivir bien sin hacer nada a expensas de los productores. Mantener las leyes del “estado benefactor” que luchan contra el “capitalista explotador” y pretenden defender al “explotado” sólo implican luchar por el hedonismo, el parasitismo, la dependencia, la servidumbre y la paulatina pobreza de todos. El capitalista explotador combate día a día para evitar este colapso, y por lo tanto es un héroe.

Y no pongo más porque ya no me siento las piernas. Y conste que he hecho de tripas corazón y me he tomado la molestia –sí, molestia– de copiar los párrafos enteros para no sacar las cosas de contexto. ¡Ah! Se me olvidaba. Desconozco lo que es el paleoliberalismo filosófico, pero me niego a ponerlo en mayúsculas y pongo a dios por testigo: odio los guiones. Que no me venga nadie de abogado del diablo, que esto no se puede justificar, hay que estar enfermo, debería estar en el DSM. No digo que sea un error conceptual –velarícese, por supuesto–, porque no tengo ni puta idea de si es así, para eso ya tenemos a los filósofos que veo que se lo pasan teta dándole vueltas al liberalismo, que esto ya me recuerda a Arrabal –con todos mis respetos al menda, a Arrabal me refiero, que el liberalismo va a llegaaar, ¡coño!, hablemos del liberalismo– y con la excusa procedo a cascarme un trankimazin del dos la salud de Jorgito.

Ya podéis poner el grito en el cielo.
PD: Pasen ustedes por aquí a elegir novela.