Culebrón de qualité

Ayer compré la Trilogía de Nueva York. Iba buscando la edición de bolsillo, que el horno no está para bollos. Fui a París-Valencia, una de las mejores librerías de Valencia –si no la mejor– por la gran selección de títulos, por los precios –bastante más barato que en La casa del libro– y por el trato: si no lo encuentras, en un santiamén tienes a alguien dispuesto a buscarlo por ti o a encargarlo para recibirlo en un par de días. Encontré a la primera la edición normal y, como no encontraba la versión económica, fui al mostrador a pedir ayuda. Me extrañó que la dependienta tampoco lo encontrara porque suelen saber no sólo si lo tienen o no, sino dónde está, sin ayuda del ordenador, menuda memoria que tienen. Fue, consultó la base de datos y me dijo que Anagrama había publicado una edición de bolsillo, pero con las tres partes en volúmenes diferentes a seis eurones cada una, mientras la edición normal cuesta dieciocho euros. Compré, obviamente, la edición en un volumen, porque no tuve más remedio y porque la librería de segunda mano está muy lejos y ganas, pocas, que estaba lloviendo a base de bien. Mirusté, salí cabreado, porque digo yo que podían haber hecho una edición de bolsillo con las tres partes juntas a, pongamos, doce euros, que no habría salido un tomo tan gordo, digo yo.
A todo esto, me compré también la edición de Jane Eyre de Austral –económica, nueve euros de nada, así da gusto–, empecé a leerlo en cuanto llegué a casa y me encantó, tengo que decir, que es como dice Sihaya, un culebrón, sí, pero de qualité, como Ana de las Tejas Verdes –sí, me la he tragado, ¿pasa algo?–, pero más elevado. ¿Cómo he podido pasar yo toda mi vida sin Jane Eyre? ¿Cómo? Y ahora que lo releo parece que en vez de una novela esté hablando de un bolso de Jean-Paul Gaultier, con pez incluido, que salía en una película francesa –cuyo nombre he olvidado– y en la que salen dos parisinas de rodillas y gimiendo cual plañideras por comprar el dichoso bolsito que sale en un desfile del diseñador.
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