La vecina (actualizado)

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Esta mujer tiene a bien dar golpes en las paredes porque le molestan los ruidos –y por ruidos, curiosamente, excluye petardos, fiestas o lavadoras– y si mueves una silla, pones el microondas o abres la puerta del armario se pone hecha una fiera y da golpes en la pared. Pero no unos golpes así de vecinos, no, puede estar horas, y cuando digo horas quiero decir horas, así que si le da el ataque de golpunas a las once de la noche, olvídate hasta la una o las dos, por ejemplo. Amén de amenazas de cortar cabezas, muertes violentas y demás. Bueno, pues esta tarde se ha entretenido en dar golpecitos, así que hemos ido a hablar con ella para pedirle que dejara de dar golpes, que ya está bien. Al principio ha dicho que no, que ella no daba golpes, que en el piso de al lado hay unas máquinas que hacen unos ruidos terribles porque no pagan a Hacienda [sic.]. Cuando se le ha comunicado que se la oía desde la escalera se ha sacado un hacha del refajo [sic., sic., palabrita del niño Jesús] y la ha levantado. Pies para qué os quiero. He llamado a la policía desde el rellano de arriba –después de hacer la foto, que es de móvil–, han venido y nos han dicho que poco se puede hacer porque vive con su marido –ergo no está desatendida, pero hay que ver al marido, todo hay que decirlo– y en pocas palabras, si hubiéramos ido a la comisaría con el hacha clavada en la frente, pues que entonces actuarían de oficio, pero que de este modo, nanay.