No entiendo las redes sociales

No pudisteis verlo, pero ayer hubo bastante más movimiento del habitual. Y es que el post sobre los Teletubbies de este blog salió en la portada de MENÉAME. Al minuto de la publicación empezó un goteo de lectores que no paró hasta más o menos las doce de la noche, con picos de 42 lectores conectados al mismo tiempo, lo que provocó que el blog dejara de sentirse las piernas y los hachetemeles a partes iguales en algunos momentos y que el panel de control saltara por los aires. En seis horas se sirvieron 3.000 páginas y entraron unas 800 personas, la mayoría no dejó comentarios, sino que lo hizo en la página de MENÉAME, a estas horas hay más de cuarenta. Yo envié la reseña a esta web, algunos de los habituales de por aquí la menearon –os lo agradezco– y, en cuestión de una hora, salió publicada en la portada, lo que provocó el aumento del tráfico hasta unos límites que no había visto en la vida y que me dejaron el ego más ancho que largo, todo sea dicho. De hecho, mientras escribo esto, aparecen en el contador más de novecientos usuarios que han entrado en las últimas 24 horas. Así que la prueba salió mejor de lo que esperaba.
Leí en un blog que sigo habitualmente que la calidad del tráfico generado por webs como MENÉAME no es buena, lo que quiere decir que no hurgan en el resto del blog y, por lo tanto, no se crean lectores habituales, sino personas que, atraídas por la noticia, entran y vuelven a salir en cuanto han terminado la lectura del artículo o la reseña o el post o como lo llamemos. Es cierto. De toda la gente que entró, nadie se suscribió y sólo tres personas nuevas dejaron un comentario. No me quejo, en absoluto, siempre digo que no cobro impuesto revolucionario por pasar por aquí y que el número de visitas o comentarios no me afecta excesivamente, algo sí, obvio, para eso tengo un blog con los comentarios abiertos, si no los cerraría, seguiría a lo mío y aquí paz y allá gloria.
De todas formas, me parece interesante ahora que tenemos nuevo palabro, márquetin viral, el fenómeno de masas en internet. Todavía no he leído una explicación satisfactoria sobre por qué una página triunfa y otra no teniendo, a priori, las mismas condiciones. Los hay que dicen que se trata de los contenidos, que tienen que ser buenos. Otros, que la interactividad. Algunos, que el diseño. Pues no sé, no sé. Será todo combinado con un poco de suerte, porque si no, no me explico el fracaso de algunas páginas y el éxito de otras. Y aquí vienen las dichosas redes sociales, cosa que no entiendo, sinceramente. Todavía no he conseguido enterarme de para qué sirve MySpace o Twitter, que consiste ni más ni menos en poner un anuncio de lo que uno está haciendo en cada momento. Claro que si leyera que alguien se está duchando –lo que me parece bastante más interesante y me dice más de la persona que cuando me informan que Heatherfly needs more coffee and a kiss, y esto está sacado literal de una red social–, vuelvo al tema, que si leyera que alguien está duchándose lo primero que me preguntaría es si el asunto es tan especial como para ser digno de colgarlo en internet como una experiencia nueva y excitante y lo segundo es, si se está duchando, qué ordenador utiliza para poder escribir desde la ducha. Y si es uno normal quiere decir que el famoso Twitter no es fiable, que no sé cómo llevaría mi portátil eso de estar conmigo en la ducha. De cajón.
Al grano. Además del blog y de BLOGLINES, que recomiendo fervientemente, yo solamente navego a la antigua –hay que joderse que lo de “navegar a la antigua” no me suene raro–, e. d., entro en weses, miro, leo, me guardo los enlaces si me interesan o me suscribo a blogs. Ahora todo el mundo se vuelve loco por una red social. O soy demasiado mayor o estoy saturado o es una tontería, pero nada, que no consigo engancharme a ninguna de las nuevas olas interneteras, es que ni al YOUTUBE. Y es que ahora las páginas vienen y van a una velocidad proporcional a la de nuestras conexiones, porque hay que ver la de servicios que han salido de un tiempo a esta parte por las redes de dios –con minúscula–: Twitter, MySpace, Friendster, Buzznet, Flickr, Mamellas.piu y demás. Y otra cuestión, ¿no es necesario hacerse una agenda de contraseñas y nombres de usuarios?, es para volverse turulato perdido.

Va a hacer un año que empecé con esto de los blogs y todavía no me he recuperado de la fiebre bloguera. Aquí estoy. No sé vosotros, pero no uso más que el blog, los blogos ajenos, el correo electrónico, las weses de noticias y la web 1.0, que ya es, pero no entro en ningún otro sitio. Al paso que vamos necesitaremos hora y media para revisar el blog, nuestro perfil de MyNiceRoom, mis mensajes de Tontter, menear las noticias en Cóñezz, ver si me han desvalijado la casa de Third Life y vigilar que nadie se haya copiado mis fotos de Idiotpkr (Delta). Digo yo que en algún momento tendrá que pasarse la moda de las dichosas redes sociales, porque en caso contrario nos vamos a pasar la vida pegados al ordenador sólo con cuestiones administrativas, que son las que he mencionado más arriba. Sólo para este blog, que suelo actualizar casi a diario, tengo que invertir, además del tiempo que tardo en escribir lo que cuelgo, mis ratillos para revisar que ningún comentario se pase cuatro pueblos: los reviso todos, toditos, todos, otra cosa es que los censure, los modere o que conteste a ellos, que me cuesta más ser el administrador que el usuario principal de este sitio y, de hecho, aunque estoy suscrito a todos los blogs que tengo enlazados y parte del extranjero, ya ni me da pa comentar, y eso que tengo una única bitácora y no tengo que gestionar otros dieciséis perfiles míos por ahí. A todo esto, sé que tengo más tiempo que el 90% del resto de los blogueros y blogueras de la blogocosa y parte del extrarradio.

En fin. Que no estoy enganchado a ninguna red social y me parece, no sé por qué, que en algún momento se desinflarán, porque no hay tantos usuarios como para revolucionar la red cada dos meses. Al final estallará la burbuja igual que la del crecimiento inmobiliario.