Nunca seré copistero

Hale, ya casi hemos pasado la temporada navideña de este año y sigo vivo. Creía que no, pero lo conseguí. ¿Qué tal os ha ido? ¿Seguís vivos? ¿Cómo se presenta la cuesta de enero? ¿Muy cuesta? La mía, peor que escalar el K2. El tópico del mes: al mal tiempo, buen cara. Hm. No sé yo. Vale que no hay que ir muriéndose por los rincones, pero tampoco en plan juas, juas, juas, que me han tirado del trabajo, juas, juas, juas. Vale, sí, soy aficionado a los extremos.

Después de esta profundísima argumentación sin tópico alguno, confieso que estoy más tranquilo porque hace unos veinte minutos estaba con un bajón de los de ay, qué desgraciado soy y ahora puedo escribir esto. Y no sé por qué no escribo con más frecuencia por aquí porque es terapéutico y todo; a veces me descojono cuando escribo los posts, jaté, qué triste, hacerse gracia a uno mismo, qué pena doy, señor. Pero qué bien vienen unas risas, oye. Menos mal que he vuelto al curro después del parón navideño, porque si no, ya me cortaba las venas. Me ha estado rondando por la cabeza, lo confieso, la idea de cambiar de profesión a la vista de mi situación económica, pero lo que me preocupa es que igual no encuentro un currele donde me lo pase tan bien como con mis guiris. He estado dándole vueltas y he llegado a la conclusión de que existe una profesión que nunca jamás elegiría y no me refiero a la de neurocirujano. Es cierto que nunca jamás sería neurocirujano, pero no porque no me atraiga, sino por pura coherencia personal y porque considero que el mundo no se merece que una persona como yo tenga acceso a objetos punzantes, porque si cuando pierdo algo me voy a la nevera (y generalmente lo encuentro), imagínate cómo me sentiría si después de realizar una vasectomía me diera cuenta de que he perdido las llaves de casa o, peor todavía, el móvil. Aclarado esto, comunico públicamente que la profesión que jamás elegiría sería la de copistero.
Ser copistero no digo yo que no sea digno, ni mucho menos. Pero divertido, interesante o enriquecedor, jamás. Además, el entorno laboral de un copistero no es muy de favorecer la alegría y el buen humor. Y si no, os invito a que trabajéis solo una semana, aguantando al estudiante que pide tres fotocopias de folios que se atascan en los rodillos de pura arruga o a la mari / al Tío Pepe sesentón que tiene que hacer una fotocopia del carné de la EMT porque se lo han pedido para darse de alta en los clubes sociales esos ande van a bailar nuestros viejunos de España. Los copisteros y copisteras tienen que aguantar, situación más trágica aún que las anteriores, a dos treintañeros en apuros que te hacen un encargo de ocho mil fotocopias urgentísimas un cuarto de hora antes de cerrar el chiringuito.
Y para ilustrar este argumento, la siguiente historia. Recuerdo que este verano (que recuerdo como si fuera allá por la Reconquista) acompañuve a Sihaya a hacer unas fotocopias en un antro de esos con las paredes llenas de consejos para ser mejor persona hechos con el Word Art y, por supuesto, en Comic Sans, no falla. Dábase la casualidad, además, de que era un día de los de partido de la Selección en la Eurocopa, así que echad la cuenta de cuándo fue, que yo no tengo ganas. Hicimos como 30 euros en fotocopias, que ya son, en plan me haga tres de este montoncito, dos de éste, me encuaderne uno y uno hasta hacer dos juegos con gusanillo, haga el pino puente y toque la Sexta de Beethoven con las castañuelas, ¡y no se olvide de la factura! Graciaaas. La copistera se conoce que estaba de mala hostia porque llegaba tarde a ver la retransmisión del fúrbol y por lo que deduje de lo que le comentaba a su compañera (que hizo mutis por el foro al grito de te jodes, tontalculo, que estos llegan a última hora y te los vas a comer con patatas, yo me piro), resulta que había quedado con la Vane y el Kino, el Cejas, que, por cierto, le ha pedido de salir a la Saray, y la Yesi, que está jodida porque el Chonki le ha dejado por la Encarni, que se puesto unos tetos que te cagas y está más buena que una caracola de chocolate, en palabras del mismísmo Chonki, que no ganará el Nobel de Literatura, pero hay que ver lo bien que se expresa cuando quiere. Como iba diciendo, la copistera se remontó a cinco generaciones atrás de la familia de Sihaya para empezar a cagarse uno a uno en todos sus ancestros (con nombre, apellido y dni) mientras ponía cara de iguana escamosa y programaba la fotocopiadora. En eso que el cacharro empieza a hacer chuf chuf chuf CLONS y allá que tiene que empezar la copistera a abrir puertas, desbloquear palancas y cierres, darle a ruedas y hacer la voltereta lateral para desatascarle las tripas a la fotocopiadora.
Allí estábamos, chin chan, chin chan, chin chan, venga cotofopias, venga cotofopias, chin chan, chin chan, de un interesado y un concentrado que ni viendo una de Tarkovsky, cuando Sihaya, que ya estaba hasta el juruju de estar allí sin hacer nada y ya empezaba a temer por su vida, me dice que se salía a fumarse un cigarrico rápido, la muy cobarde. Vale. Allí me quedé, aterrorizado, viendo que la iguana se estaba convirtiendo lentamente en un orco de Mordor, fruto de la mala hostia y de una almorrana picona, deduje, porque muy fina y elegante no es que fuera. Podemos ponernos a interpretar si la copistera se rascaba el culo o el chumino, porque es una cuestión de matiz y os juro que si hubierais estado allí no habríais podido distinguir qué parte de su anatomía se rascaba, la muy cerda ¿Qué haces en una situación como esa? No te vas a poner a silbar como en los dibujos animados, porque lo que antes había sido una iguana escamosa y que ahora presentaba un aspecto más bien de orco de Mordor, como he dicho, seguía alimentando su ira y a punto estaba de pasar a la categoría Balrog Malaleche y explotar cual olla exprés de cierta bloguera. Y aprovecho la ocasión para saludar a mi mamá y explicaros a todos que si una olla exprés se resiste a ser abierta es por algo (¿eh, Brixta?), así que lo mejor es esperar porque te arriesgas a terminar con las alubias hasta por dentro de los calzoncillos o, lo que es peor, por detrás de la encimera, que es donde van a parar las cosas que nunca existieron, como monedas de cinco céntimos (siempre son de cinco), cerillas usadas y hasta bolígrafos, que no sé cómo coño han ido a parar ahí porque, que yo sepa, no me gustan los calamares en su tinta y, si los hiciera, sería con la tinta de los propios calamares, como huelga explicar.
Insisto que como mi vida también estaba empezando a correr peligro, decidí echarle uno ojo a ese repertorio de carteles sobre que si aquí no se fía y no se da bote a los empleados porque ofende (con un bote que dice bote de las ofensas) y esas cosas inteligentísimas, supergraciosas y originalérrimas de los comercios minoristas de España y que llevan rulando por ahí desde que a Sara Montiel le vino su primera regla, lo que nos conduce de vuelta a la Reconquista. Os invito a que expliquéis en los comentarios cuál ha sido el cartel más horrendo que os habéis encontrado en los comercios de este país. Yo, mientras, continúo.
Estaba yo ahí deleitándome con esas cimas, esos cúlmenes y esos clímaxes de originalidad literaria cuando lo vi. Lo vi. LO VI. El sonido de mil trompetas resonó en mis oídos. El cielo se abrió ante mis ojos. Coros celestiales vinieron a llevár-se-me. Supliqué una muerte lenta y llena de sufrimiento. Pero mi curiosidad era terriblemente poderosa. Ahí estaba aquello, vibrando en toda su mismidad lisérgica (que no sé lo que significa, pero ahí queda): un catálogo de estampitas de primera comunión. Qué garrulez, qué horror, qué espanto. Palomitas, hostias, espigas, payasitos vestidos de marinero, niñas vestidas de novia, ángeles que parecían salidos del mismísimo infierno, brillos y purpurinas, lazos, sedas, pompones… La Familia Mierdambuten Martínez de Sotomayor le comunica que su hija Julita ya está preparada para recibir el cuerpo de Cristo y le invita a la celebración que tendrá lugar en el Colegio de Nuestra Señora de la Divine Omelette, donde las monjitas tendrán a bien obsequiarnos con una magnífica ceremonia. Se ruega confirmación. Número del Banco de San Sebastián 9403 0810 49 00002039948. Foto de Julita Mierdambuten Martínez de Sotomayor con cara de niña del exorcista vestida de Emperatriz de Austria-Hungría al canto. Monísssima, oye. No hay por qué explicar, porque a estas alturas ya lo sabe todo el mundo, que las Hermanitas de la Congregacion de Soeur Marie de la Divine Omelette son todas lesbianas, como ya nos advirtió Terenci Moix.
Como no encontré la navaja suiza, no pude cortarme la yugular y no tuve más remedio que seguir viviendo. Pero claro, como estas cosas nunca vienen solas, como las desgracias, al punto me cosqué de que había otra carpeta. Más siniestra todavía. La tomé en mis manos con la angustia de quien sabe que va a sufrir una experiencia que le marcará de por vida y la abrí asumiendo que podía enfrentarme a lo peor del ser humano. Si pensaba que después de las Mamá Chicho no volvería a ver nada más ordinario, me equivoqué. Hay cosas peores: las invitaciones de boda. Ay, señor, qué dolor, qué angustia, qué tormento. Vamos, que llega a estar Kierkegaard allí presente y le entra un orgasmo sideral que termina en Plutón. Juro que no había sentido tal pavor en mi vida. Lazos, corazones, dibujos de niños cogidos de la mano (¡de niños!), sobres nacarados, letras inglesas a capazos, felicidad extrema, sobres de raso y, lo que es peor, ¡letras! ¡Frases! ¡Textos! Nauseas, temblores y horror cósmico:
EJEMPLO 1 (me lo invento)

Cuqui García de la Clóchina y Perico Juliánez Ikarruretegaray ha decidido emprender un camino de amor juntos y están dispuestos a comprometerse ante familiares y amigos. Por eso tenemos el placer de invitaros a la ceremonia religiosa que tendrá lugar en la Basílica de Nuestra Señora del Santo Prepucio y el Copón de la Sangre de los Doce Apóstoles de Getafe el próximo 14 de julio, a las 18.00 horas. Confirmación de asistencia a Perico (555-9201) o a Cuqui (555-9200). Número de cuenta del Banco de Cáceres: 9120 0350 93 00012937288.

Ahí no queda la cosa. Porque para escribir esto he intentado encontrar la marca del catálogo que vi y no lo he conseguido. Eso sí, he encontrado cosas por internet que del susto extinguirían al mismísimo Xenomorfo y a toda su parentela de un susto.
EJEMPLO 2 (es real, atención que es para mear y no echar gota)
[Dibujo de una luna (de las que va en la galería de Microsoft Word) con el siguiente texto:]

La Luna. Vinculada con lo femenino y la vertiente fecunda de las cosas importantes y muy especialmente con el romanticismo.
Es el silencio hecho música
Embrujo. Hechizo. Magia. Misterios.
Caricias encontradas.
Besos clandestinos.
Sombras fugaces.
¿Os suena de algo?

Y abajo foto del futuro matrimonio en posición nada forzada, pero nada, sobre fondo de jardín florido. Juro que está cortipegado. Como podréis observar, el texto es superprofundo y metafísico y, para colmo, no es en absoluto tópico. De hecho, yo añadiría una voz susurrante que pronunciara estas palabras cuando uno abre la tarjeta con la Primavera de Vivaldi. Tengo que aclarar que tampoco me queda muy claro lo de la vertiente fecunda de las cosas importantes, ni lo de las caricias encontradas y su relación con los casamientos y lo de las sombras fugaces me da cierto resquemor, pero lo de el silencio hecho música suena más bien a tarjeta de felicitación porque tu hijo se ha emancipado que al principio de una vida en común llena de fecundidad, alegría y buenos propósitos.
No puedo evitar colgar una imagen digna del premio al mejor diseño gráfico del 2008 (obsérvese lo normalizada que está la puntuación y el uso de las mayúsculas):

¿Os imagináis el É-X-I-T-O? ¡Qué É-X-I-T-O de Invitaciones! Madredediós. Es que, ¿por dónde empiezas?
Después de esto, sé que vuestra vida no será la misma, pero insisto en joderos el día, así que al final de esta frase pongo un enlace, no sin antes advertir que si hay algún diseñador gráfico en la sala, por favor, que apague el ordenador ahora mismo y no entre aquí. Me recuerda a las páginas donde dicen que te diseñan tu web o las imprentas donde te hacen el logotipo de tu empresa en media hora (!!!) y hay que ver el suyo, que es pa quitarles el WordArt y darles una pistola cargada, a ver si por casualidad (y por suerte) se libran de sí mismos y nos dejan en paz.
En los raros momentos en que me apetece pasarme por el videoclub para alquilar una película gore, me siento delante del ordenador y hago búsquedas rigurosamente seleccionadas, como estas. Siempre termino poniéndome la mano izquierda delante de los ojos y separando los dedos de vez en cuando mientras con la derecha voy seleccionando uno a uno los enlaces que lanza Google. Claro, primero tengo que asegurarme de que no tengo el estómago revuelto y de que el último chili con carne ya está llegando al final de mi sistema digestivo unidireccional, pero no muy al final, no vaya a resultarque termine con la ropa interior en la lavadora.
En fin, que nunca seré copistero por mucho que me insistan. Mi sentido de la dignidad no me lo permitiría.