Las lenguas y los pasaportes

Hoy sale un artículo en El País sobre los guetos daneses que es como escribir con letras grandes un no reírse de los subnormales, pero a la escandinava. No es el primer artículo sobre el asunto. Aquí, sobre los extranjeros encarcelados por mendigar. Aquí, sobre los enlaces mixtos. Y que no falte el algo huele a podrido en Dinamarca, por favor, no vayan a decir que no semos kurtos.

“women between two men sitting beside river” by Christian Möller on Unsplash

Dinamarca está a años luz de otros países en integración, en general, y de integración de inmigrantes, en particular. Tampoco hay que olvidar que necesitan mucha mano de obra en todos los sectores y que no son lo mismo los inmigrantes ricos, que los pobres. Dejémoslo.

Pero que Dinamarca esté muy por delante, no quiere decir que no haya cosas que no huelan mal (oh, no, diommío, ¡lo he vuelto a decir!); ninguna sociedad es perfecta y esto es como la democracia, que es el menos malo de los sistemas. Pues con el nordic welfare system pasa lo mismo: el sistema no es terrible, los hay que son mucho peores, pero no es perfecto.

Los guetos no han dejado de existir en ningún sitio y Escandinavia no es una excepción. Me dan un poco de risilla los que van de modernos pero que tienen en cuenta criterios lingüísticos para decidir si una persona está o no integrada. Un extranjero que paga sus impuestos, que no comete delitos, que cumple con sus obligaciones ciudadanas, ¿es un extranjero que no está integrado porque no habla la lengua con fluidez? ¿Qué define la integración? ¿La lengua?

Hoy he leído el palabro hablismo para definir al criterio que usan algunos empresarios a la hora de dar trabajo a extranjeros. Como dicen en El ratón ciego, el hablismo es clasismo vestido de seda. Si lo hablas sin acento, bien, si lo hablas con acento, mal. Como si hablar sin acento fuera sinónimo de hablar bien. O de ser buen ciudadano

Hay extranjeros que hablan lenguas extranjeras mejor que los nativos, solo hay que ver cualquier programa de Telecinco. Y luego están los rumanos. Llegan a España, algunos con sus doctorados, otros sin el graduado escolar, me da lo mismo, pero al mes de estar aquí te hacen unos imperfectos de subjuntivo que te despeinan y usan el estilo indirecto que da gloria oírles. Que sí, que el rumano se parece al español, pero por esa regla de tres, los españoles deberíamos hablar el francés que da gloria oírnos. Y no es así. Me da igual la razón, pero es un hecho: los rumanos hablan un español perfecto. Según la teoría anterior de que los que se comunican con fluidez en la lengua del país están integrados, deberían recibir el pasaporte a los tres meses. Pero, claro, son pobres.

“macro shot of stainless steel padlock” by Jose Fontano on Unsplash

¿En realidad la integración se resume en aprender una lengua? Ancha es Castilla, pues. Si hablamos bien el idioma, podremos no cumplir con nuestros deberes ciudadanos, que en realidad da igual. Nosotros ya hablamos bien el idioma y Hacienda no nos ha pillado. Belén Esteban, Mariano Rajoy, el 75% de los furgolistas, Alejando Sanz: ¿qué hacemos con ellos? Ninguno de ellos habla bien ni sabe lo que dice. Pero no son pobres.

En España le daríamos el pasaporte hasta a Sauron, y le ponemos un traductor de lengua negra si hiciera falta, porque Sauron no es pobre y traerá inversiones, riqueza y jamones para todos. Y tal.

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