• Las acusaciones falsas y su impacto psicológico

    Las acusaciones falsas y su impacto psicológico

    Hoy leo un artículo en El País sobre Mónica Oltra. El juez que llevó el caso ha afirmado que no existen pruebas de que ella u otros funcionarios de la Consejería intentaran ocultar los hechos o desacreditar a la menor, asegurando que ésta fue atendida en todo momento. Tras su imputación en junio de 2022, Oltra dimitió como vicepresidenta y se alejó de la vida política activa, dedicándose a la abogacía. Aunque concedió una entrevista en La Sexta después de su dimisión, decidió no hacer más declaraciones públicas. En sus palabras, se sintió víctima de una «cacería política» por parte de la extrema derecha, representada en la acusación particular y en las dos populares del caso.

    Después de leer el artículo no puedo evitar tener muchísimas preguntas. ¿Cómo no indignarse ante el sufrimiento que ha soportado durante años? ¿Qué habrá sentido al ser víctima de una cacería política liderada por la extrema derecha? ¿Qué efectos psicológicos puede haber tenido en ella este largo y doloroso proceso judicial y político? Ante todas estas preguntas y con el alivio que supone su exoneración, hay una que me interesa especialmente: el impacto que una acusación así y el proceso judicial y político al que ha sido sometida pueden tener en su bienestar emocional.

    Ser el objetivo de una acusación falsa puede tener un impacto devastador: primero, la experiencia de ser acusada injustamente provoca sentimientos abrumadores de incredulidad y confusión. El individuo puede sentirse completamente desorientado por la situación, preguntándose cómo ha llegado a ser objeto de tal acusación y por qué está siendo tratada de esa manera. Esta sensación de injusticia puede generar un profundo resentimiento hacia aquellos que han formulado las acusaciones y hacia el sistema que permite que tales injusticias ocurran.

    Además, el estigma social asociado con una acusación falsa puede ser abrumador. Me imagino que Oltra habrá sentido la alienación de amigos, familiares y colegas, que podrían dudar de su inocencia o incluso apartarse de ella por completo. Esto puede llevar a sentimientos de aislamiento y soledad, aumentando la carga emocional que ya está soportando. Da igual que el alejamiento sea real. Muy probablemente ella ha interpretado o ha sospechado que eso ha sido así.

    No hace falta hablar de la ansiedad y el estrés. La incertidumbre sobre el resultado del proceso legal, el miedo a las posibles consecuencias y la preocupación por el impacto en su reputación y su vida personal habrán provocado, sin lugar a dudas, síntomas físicos y emocionales como insomnio, ansiedad, pérdida de apetito y problemas de concentración. Por no hablar de la autoestima y la autoconfianza. En estos casos, la persona se cuestiona su propio valor y se siente impotente frente a la situación. La sensación de injusticia y la falta de control pueden minar su sentido de autoeficacia (e. d., la creencia en la capacidad propia para llevar a cabo acciones específicas y alcanzar metas), lo que dificulta su capacidad para enfrentar y superar la situación de manera efectiva.

    En algunos casos, las secuelas psicológicas de una acusación falsa pueden ser duraderas e incluso traumáticas. La experiencia de ser injustamente acusada puede dejar cicatrices emocionales profundas que pueden persistir mucho tiempo después de que se resuelva la situación legal. Es importante buscar apoyo psicológico y emocional durante este tiempo difícil para ayudar a procesar las emociones, reconstruir la confianza en uno mismo y encontrar formas de seguir adelante.

    Ahora hay que ver qué pasará con ella. En el artículo dicen que su silencio es muy significativo. ¿Qué otra cosa puede hacer? ¿Tiene otra alternativa? Yo creo que no. El calvario ha sido durísimo y dudo que, en algún momento, vaya a recuperar el vigor político que la caracterizaba.

    Qué pena.

  • Autismo e hiperactividad

    Autismo e hiperactividad
    For me, eating in a canteen is like eating in a nightclub for a neurotypical person,” says Jill Corbyn, who is autistic and the director of support organisation Neurodiverse Connection. “It’s unpleasantly loud, it’s going to distract you from your food, it’s anxiety-inducing.” Additionally, some autistic people may find social situations exhausting or overwhelming, or feel incompetent when they’re unable to decipher the subtleties of interpersonal communication, 60% of which is non-verbal. Charli Clement, 23, explains that while a non-autistic person may rehearse parts of a conversation before a date or a job interview, her autism leads her to “script significantly” before even ordering a drink at a bar.

    Hace poco más de una década, el TDAH y el autismo se consideraban mutuamente excluyentes. Desde 2013, sin embargo, se está extendiendo la idea de que ambos diagnósticos coexisten con mucha más frecuencia de la que se cree. Más o menos la mitad de las personas diagnosticadas en el espectro autista muestran síntomas de TDAH, y las características del autismo están presentes en dos tercios de las personas con TDAH (Davis y Kollins, 2012).

  • El horóscopo, la pareja y el Efecto Forer

    El horóscopo, la pareja y el Efecto Forer

    Querida Piscis: hace relativamente poco, una persona de mi entorno me volvió a hablar de la compatibilidad entre los signos del horóscopo en el ámbito de la pareja. No he creído nunca en eso ni me lo creeré, pero últimamente me han saltado post en Instagram sobre el asunto y me ha dado por mirar. He tenido dos parejas en mi vida, un cáncer y un piscis. En concreto la segunda fue una idea terrible y aquello terminó como el rosario de la aurora.

    Haciendo investigación de campo he llegado a la conclusión de que tengo que probar un escorpio, porque el combo con un tauro como yo parece que es explosivo. «Cuando un tauro prueba un escorpio, nunca más vuelve a probar otra cosa». Y yo me pregunto: si no creo en esto, ¿por qué lo leo? ¿Por qué nos hace sentir tan bien leer el horóscopo?

    El atractivo de la lectura del horóscopo y la sensación de bienestar que puede generar en algunas personas se vinculan en parte con el denominado Efecto Forer. Este fenómeno psicológico, también conocido como la falacia de la validación personal, propone que las personas tienden a aceptar descripciones generales y vagas como precisas y ajustadas a la realidad cuando creen que están hechas específicamente para ellas. En el contexto de los horóscopos, las predicciones a menudo se redactan de manera lo suficientemente ambigua como para permitir que los lectores las interpreten de acuerdo con sus experiencias individuales.

    La vaguedad de estas predicciones permite que cada individuo atribuya significado personal a las afirmaciones generales, lo que refuerza la creencia en la precisión y relevancia del horóscopo para su vida. El Efecto Forer crea la ilusión de una conexión más profunda entre la descripción astrológica y la identidad personal, contribuyendo así a la sensación de validación y bienestar experimentada por quienes leen sus horóscopos.

    Además, la influencia del Efecto Forer también destaca cómo las personas buscan patrones y significados en sus propias vidas, lo que puede explicar por qué las interpretaciones astrológicas vagas a menudo resuenan emocionalmente y generan una sensación de comprensión y conexión. En última instancia, el Efecto Forer juega un papel importante en la atracción y la satisfacción que muchas personas encuentran al leer sus horóscopos.

    Amigos, amigas: si conocéis a un escorpio que esté bueno, por favor, dadle mi Instagram.

  • La parálisis del TDAH

    La parálisis del TDAH

    Esta es mi última semana de clase como profe de psicología, me quedan tres días y tengo que vaciar un piso, corregir los proyectos de investigación y entregar notas. El jueves tengo que estar en Valencia a las 16.00 y tengo que salir de aquí con aproximadamente 20 horas de antelación para que me dé tiempo.

    ¿Y qué hacemos mi TDAH y yo en vez de ponernos a solucionar cosas? Mirar coches. Que es algo que jamás he hecho, excepto una vez y de manera superficial. Ahora me ha dado por estudiar la autonomía de la batería, qué coño es eso del voltaje de carga (sí, créetelo) y con cuánta antelación he de salir al aeropuerto si quiero cargar la batería de camino y tengo que coger el avión a una hora específica. Que dirás «pues cárgalo el día antes», pero para eso hay que acordarse.

    Las personas como yo experimentan dificultades relacionadas con la autorregulación y la capacidad para mantener la atención en una tarea específica. La falta de atención sostenida puede hacer que iniciar una tarea sea más difícil. En mi caso sobre todo, la necesidad de estimulación constante me lleva a posponer tareas para buscar actividades más gratificantes. ¿Qué prefieres, vaciar un piso o informarte sobre coches eléctricos? Yo siempre elegiría la segunda.

    La impulsividad provoca que se elijan siempre las tareas gratificantes y se retrasen las que puedan ser beneficiosas a largo plazo. Añádele las dificultades en la organización y la planificación y ya tienes el combo para que seamos fatales en la ejecución de estrategias efectivas para terminar de hacer las cosas. Además, tenemos una gestión del tiempo de mierda y la percepción que tenemos el mismo puede llegar a ser diferente que en individuos sin TDAH.

    En fin, que 48 horas después del fin de semana estoy estresadísimo por no haber hecho nada y por haber estado paralizado. La «parálisis del TDAH» es, por tanto, la tendencia a experimentar dificultades para iniciar y completar tareas debido a la falta de atención sostenida, la impulsividad y la búsqueda constante de estimulación. Esta parálisis se manifiesta en la procrastinación y la incapacidad para mantener el enfoque en una tarea específica, ya que la mente puede divagarse fácilmente, buscando actividades más gratificantes en el momento. La combinación de dificultades en la organización, la planificación y la gestión del tiempo contribuye a la sensación de estancamiento en la ejecución de tareas importantes, afectando la eficiencia y la productividad en la vida cotidiana de quienes tienen este trastorno. Y que termines de los nervios, en definitiva.

    Una persona sin TDAH con la que hablaba bastante del tema siempre me reprochaba precisamente eso, que terminaba siempre sacando el tema. No es cierto que ocurriera tanto, eso era lo que le parecía a esta persona, lo que sí ocurre es que hablamos bastante del asunto. En definitiva, y lo que la gente a nuestro alrededor no entiende en muchas ocasiones es que esto responde a una necesidad de entender retrospectivamente las dificultades experimentadas a lo largo de la vida y encontrar validación y alivio.

    Por favor, si alguien cercano os quiere hablar de algo relacionado con su salud mental o con su forma de ser, especialmente si ha habido un cambio reciente, es dejar que esa persona hable lo que tenga que hablar. No sólo porque sea mejor o peor para esa persona, sino porque se supone que es lo que tienes que hacer con las personas a las que quieres, sean tu amigo, tu hermano o tu primo.

  • ¿Qué es la autoestima? Un apunte muy breve

    ¿Qué es la autoestima? Un apunte muy breve

    Mucha gente habla de la autoestima como equivalente a «quererse a uno mismo / a una misma» cuando, en realidad, es un concepto que no es positivo o negativo en sí mismo. También escucho decir que tal persona «tiene la autoestima muy baja», como si fuera algo inmutable a lo largo de la vida y que fuera el resultado de las decepciones pasadas o incluso el maltrato. La autoestima, para mí, es un constructo un poco difuso, que no se entiende a nivel popular y que tenemos tendencia a asociar con valores como la humildad o la resignación.

    La autoestima, en general, es la valoración que hacemos de nosotros mismos, incluyendo nuestras cualidades, habilidades y defectos y que emerge de cuatro pilares fundamentales:

    1. Autoconocimiento. Conocerse a sí mismo, tanto las fortalezas como las debilidades, nos permite aceptarnos tal y como somos, sin compararnos con los demás.
    2. De lo anterior surge la autoconfianza: la creencia en nuestras capacidades para afrontar los desafíos de la vida. La autoconfianza nos permite tomar decisiones, asumir riesgos y perseguir nuestros objetivos.
    3. La autoaceptación es otro pilar fundamental y se refiere a la aceptación más o menos incondicional de nuestras imperfecciones y errores como parte de la vida, sin resignarse, sino aprendiendo de ellos para mejorar continuamente.
    4. La consecuencia resulta ser el autocuidado, que se refiere (sorpresa) a la medida en la que tenemos en cuenta nuestro bienestar físico y mental.

    Ni tener la autoestima alta significa ser arrogante o soberbio, ni lo contrario significa ser humilde. Tampoco es correcto pensar que la autoestima se vincula exclusivamente en cómo nos ven los demás o que solo se trata de sentirnos felices todo el tiempo. La autoestima también implica aceptar nuestras emociones negativas y aprender de ellas.

    La autoestima es una compleja red de pensamientos, sentimientos y comportamientos que influyen en nuestro bienestar general. Cultivar una autoestima sana es un proceso continuo que requiere dedicación y esfuerzo y todos y todas hemos sufrido por tener un pobre autoconcepto, ajustado a la realidad o no. Una autoestima saludable se traduce en un mayor bienestar emocional, mejores relaciones interpersonales, mayor éxito en la vida personal y profesional, y una mayor capacidad para afrontar los desafíos de la vida, eso está claro.

    Recuerda, y creo que eso es importante, que la forma en que nos vemos varía constantemente, según lo que nos ha ocurrido ese día, depende del cansancio, de lo que hemos comido, de la educación que hemos recibido, de si estamos en paro, de si nuestro cuerpo no es normativo y de muchísimas otras variables, casi todas fuera de nuestro control.

  • El estrés aculturativo

    El estrés aculturativo

    Llevo más de una década viviendo en un pueblo de Dinamarca, cerca de la frontera con Alemania. Hablo el idioma con fluidez y conseguí trabajo a los nueve meses de mudarme desde Valencia. Tengo un entorno de apoyo social, tengo un piso, no tengo problemas económicos y puedo permitirme viajar a España cuando me peta. Pero me sigo sintiendo un extranjero aquí. El problema es que, poco a poco, me he convertido en un extranjero en Valencia. Soy de allí, tengo amigos y familia, conozco la ciudad perfectamente. Y aún así, a veces tengo la sensación de que veo todo por televisión, como cuando tengo que ir al médico. Todo me parece engorroso y difícil y hay cosas que me molestan muchísimo, como el ruido, el olor o algunas costumbres que tiene la gente y que eran mías antes de mudarme.

    Además, soy siempre el que no está en los momentos importantes de mi gente y aunque tengo buenos amigos aquí, siempre tengo esa sensación de que me estoy perdiendo algo allá. Y me ocurre, a pesar de que, como he dicho, puedo permitirme el lujo de ir cada dos o tres semanas a pasar el fin de semana, ver a mi gente y respirar el humo de la ciudad. Esa sensación es parte de lo que en psicología se conoce como estrés aculturativo. No puedo quejarme y no me quejo. Hay gente que está en peor situación que yo y que pasa seis meses, un año, dos años en poder volver a casa de visita. Yo voy cada dos o tres semanas. Mi situación no es tan grave. Pero aún así, me cuesta.

    cars parked in front of building during daytime

    ¿Qué es el estrés aculturativo?

    El estrés aculturativo es un fenómeno psicológico que surge cuando un individuo se enfrenta a la adaptación a una nueva cultura o entorno sociocultural. Esta experiencia puede generar tensiones emocionales y situaciones psicológicas estresantes porque implica ajustarse a valores, normas y costumbres diferentes de aquellas a las que se está acostumbrado. Las causas subyacentes del estrés aculturativo son complejas , y las consecuencias psicológicas pueden afectar la salud mental de manera importante.

    Las personas que experimentan estrés aculturativo a menudo se encuentran en situaciones de cambio cultural abrupto, como la migración, la expatriación o la inmersión en una nueva sociedad. A dios gracias que lo mío fue voluntario y con la intención de mejorar mi vida. La transición cultural puede desencadenar una serie de desafíos, ya que los individuos se enfrentan a la tarea de adaptarse a un conjunto diferente de normas sociales, valores y expectativas, muchas veces implícitas y difíciles de ver. Este proceso puede generar un conflicto interno entre las prácticas culturales previas y las nuevas que termina generando este tipo de estrés.

    Las causas del estrés aculturativo pueden variar según la situación individual, pero algunas de las principales incluyen la pérdida de familiaridad y seguridad, la barrera del idioma, la discriminación percibida y la falta de apoyo social. La pérdida de la red de apoyo y las estructuras familiares puede dejar a los individuos sintiéndose aislados y desamparados, aumentando así los niveles de estrés. La barrera del idioma, por otro lado, puede dificultar la comunicación y la comprensión, creando un ambiente en el que el individuo se siente excluido o incomprendido.

    La discriminación percibida también desempeña un papel crucial en la generación de estrés aculturativo. La experiencia de ser tratado de manera diferente debido a factores como la nacionalidad o el origen étnico tiene un impacto negativo en la salud mental. La falta de apoyo social, ya sea por la ausencia de una red de amigos o familiares, puede exacerbar aún más el estrés, puesto que el individuo carece de recursos emocionales para enfrentar los desafíos.

    Las consecuencias psicológicas del estrés aculturativo son diversas y pueden afectar la salud mental de diferentes maneras. La ansiedad y los síntomas depresivos son habituales, ya que el individuo se siente abrumado por las demandas emocionales y cognitivas de la adaptación cultural. Además, el estrés aculturativo puede contribuir al desarrollo, en casos extremos, de trastornos de estrés postraumático, especialmente en casos de migración forzada o experiencias traumáticas asociadas con la transición cultural.

    Otro aspecto relevante es el impacto en la autoestima y la identidad personal y cultural. Enfrentarse a una nueva cultura puede generar dudas sobre la propia identidad, llevando a una búsqueda de equilibrio entre la preservación de las raíces culturales y la integración en la cultura adoptiva. Esta lucha interna puede generar conflicto psicológico y emocional, afectando la autoimagen y la autoestima del individuo porque al final no sabes quién eres, cómo te defines y cómo quieres que te vean los demás.

    En términos de salud física, el estrés aculturativo también puede tener consecuencias negativas. Algunos estudios sugieren que el estrés crónico derivado de mudarse a otro país, por la razón que sea, puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, trastornos gastrointestinales y otros problemas de salud vinculados con este tipo de situaciones ansiógenas (Kim et al. 2017). Además, la relación entre el estrés aculturativo y el aumento de comportamientos de riesgo, como el consumo de sustancias y la adopción de hábitos poco saludables, también ha sido documentada en la literatura científica.

    man covering face with both hands while sitting on bench

    ¿Qué se puede hacer?

    Es esencial abordar el estrés aculturativo desde una perspectiva holística, reconociendo la complejidad de las causas y las diversas manifestaciones de sus consecuencias psicológicas. La intervención psicológica y el apoyo social, de nuevo y como en todos los casos de problemas relacionados con el estrés y la ansiedad, son fundamentales para ayudar a los individuos a enfrentar estos desafíos de manera efectiva. La psicoterapia «culturalmente sensible», que tiene en cuenta la diversidad cultural y la singularidad de la experiencia del individuo, puede ser especialmente beneficiosa en la gestión de esta situación.

    Yo me he tenido que adaptar a la cultura danesa, a una nueva forma de trabajar, he aprendido el idioma y me he desvinculado de mis amigos y de mi familia. Pero me ha ido bien porque soy un privilegiado. Aún así, yo también he sufrido situaciones estresantes que no habría vivido si me hubiera quedado en Valencia. He perdido la familiaridad con mi entorno, he sudado lo mío para aprender danés, me he sentido discriminado y a veces me he sentido muy solo. He tenido la inmensa suerte de que no he tenido que ir a terapia por eso y me he integrado razonablemente bien, con esfuerzo, pero más o menos lo he conseguido. Pero no puedo evitar sentirme doblemente extranjero. Y eso, por muy bien que te vayan las cosas, es difícil.

    No puedo ni imaginarme la situación por la que pasan los millones de personas que tienen que emigrar en circunstancias muchísimo peores que la mía. Tiene que ser un horror.

  • El trastorno bipolar

    El trastorno bipolar

    Me he dado cuenta de que cada vez más gente dice de alguien que «es bipolar» cuando quieren decir que cambia mucho de humor. No es lo mismo ser voluble o tener un estado de ánimo lábil que ser bipolar. Pero como nos gusta hacer como que sabemos de psicología, vamos haciendo diagnósticos a troche y moche sin pensar en las consecuencias ni en que frivolizar con la salud mental no es lo mismo que normalizar que se hable de ello. Si vas diagnosticando, para lo que debes estudiar muchísimos años, lo que haces es quitarle importancia a algo que la tiene. De la misma manera que cuando alguien adelgaza no dices que tiene cáncer, tampoco deberías hablar de trastornos narcisistas cuando no tienes ni puta idea.

    Dicho esto, el trastorno bipolar es una condición psiquiátrica caracterizada por cambios extremos en el estado de ánimo, que van desde episodios de manía o hipomanía hasta episodios depresivos. Estos cambios de humor son más intensos, duraderos y disruptivos en comparación con las variaciones normales del estado de ánimo que experimenta una persona sin trastorno bipolar.

    Aquí hay algunas diferencias clave entre el trastorno bipolar y las fluctuaciones normales del estado de ánimo:

    En el trastorno bipolar, los episodios de manía o depresión son más intensos y duraderos. La manía implica un aumento significativo en la energía, actividad y euforia, mientras que la depresión involucra una tristeza profunda, falta de interés y energía reducida. Estos episodios pueden durar semanas o incluso meses.

    Además, afecta muy seriamente la capacidad de una persona para llevar a cabo sus actividades diarias de manera funcional durante los episodios afectivos. Puede interferir con el trabajo, las relaciones personales y otras áreas importantes de la vida. No es que sea una persona «difícil», es que se puede meter en líos cuando está en la fase maníaca y es posible que no tenga energía para salir de la cama cuando es la fase depresiva la que prevalece.

    En el trastorno bipolar, las fluctuaciones del estado de ánimo tienden a seguir patrones específicos, como períodos de manía seguidos de depresión o viceversa. Durante la manía, se experimenta un aumento significativo en la energía, actividad y euforia, mientras que en la depresión se experimenta una tristeza profunda, falta de interés y energía reducida. Estos episodios pueden durar semanas o meses y tienden a seguir patrones recurrentes, con períodos de manía seguidos de depresión, o viceversa. Estos patrones cíclicos son distintivos del trastorno bipolar y difieren de las variaciones normales del estado de ánimo.

    Este trastorno requiere intervención y tratamiento profesional, que puede incluir medicamentos estabilizadores del estado de ánimo, como el litio, y terapia psicológica. Las variaciones normales del estado de ánimo pueden manejarse a menudo a través de estrategias de afrontamiento, apoyo social y cambios en el estilo de vida.

    ¿Cómo se distingue?

    Para empezar, recuerda que para saber si alguien sufre un trastorno bipolar tienes que estudiar muchos años. Aún así, allá va lo que yo sé, que es muy poco: todos experimentamos cambios en nuestro estado de ánimo de vez en cuando, y esto es normal. Responde a las situaciones de la vida diaria y, aunque puedan afectarnos y haya gente más estable que otra, por lo general, no suelen generar situaciones de desadaptación graves. Sin embargo, cuando estos cambios son extremos, persistentes y afectan negativamente la vida diaria, podría ser indicativo de un trastorno del estado de ánimo.

    Imagina a L., un chico que ha experimentado cambios en su humor desde muy joven. Algunos días se siente lleno de energía, optimista y listo para enfrentarse a cualquier situación, mientras que en otros momentos se sumerge en estados de ánimo más bajos, está desanimado y se siente fatigado. En ciertas ocasiones, sus amigos han notado estas fluctuaciones y le han comentado sobre la naturaleza cambiante de sus emociones, algo que, hasta cierto punto, todos experimentamos. Puede ser una persona cuyos estados de ánimos cambien de forma extrema, pero la introspección hace que sea posible rastrear el origen de esos cambios de ánimo: ha visto una serie que le gusta mucho, no le han cogido en el trabajo para el que había hecho una entrevista y se ha puesto a llorar como una magdalena, se ha enfadado con sus amigos porque siempre llegan tarde…

    M. ha sido diagnosticada con trastorno bipolar. M. experimenta episodios de manía durante los cuales su energía alcanza niveles extraordinarios, su pensamiento se acelera y su autoestima se eleva a cotas inusuales. En esos momentos puede liarla pardísima. Pero, inevitablemente, estos episodios son seguidos por períodos depresivos en los que se siente abrumada por la tristeza y la falta de interés en actividades que normalmente disfruta. En otras palabras: está deprimida de verdad.

    La falta de introspección

    Y el problema es que ni ella sabe por qué le pasa eso. En el trastorno bipolar, la introspección, es decir, la capacidad de reflexionar y examinar internamente los propios pensamientos y emociones, puede verse afectada durante los diferentes episodios del trastorno. Por ejemplo, durante la fase de manía puede darse una falta de reconocimiento de las consecuencias de las acciones y a una disminución en la autocrítica.

    Sin embargo, en los períodos entre episodios maníacos o depresivos, muchas personas con trastorno bipolar pueden tener una introspección más clara y reconocer los cambios en su estado de ánimo. La falta de introspección, o sea, no saber qué les está pasando, no darse cuenta o no ser capaces de ver que algo no está funcionando como debería para adaptarse a las circunstancias de la vida, especialmente durante la manía, no es universal, y las experiencias pueden variar entre las personas con trastorno bipolar. La terapia y el tratamiento adecuado pueden ayudar a mejorar la introspección y la gestión de la enfermedad.

    Las variaciones normales del estado de ánimo pueden ser parte de la experiencia humana, pero el trastorno bipolar va más allá, marcando diferencias significativas en la intensidad, duración y patrones de cambio de humor, afectando la vida diaria de manera más profunda y persistente. En cualquier caso, si sospechas que tú o alguien que conoces puede tener trastorno bipolar, es fundamental buscar la evaluación y el tratamiento de un profesional de la salud mental.

    Y por favor, deja de decir jilipolleces. Si no sabes lo que es el trastorno bipolar, no vayas diagnosticando por ahí.

  • ¿Qué es la inteligencia emocional?

    ¿Qué es la inteligencia emocional?

    La teoría de la inteligencia emocional sostiene que la capacidad de entender y gestionar las emociones es crucial para el éxito y bienestar de una persona. Popularizada por Daniel Goleman en su libro «Inteligencia Emocional», esta teoría destaca que las habilidades emocionales son tan importantes, e incluso más en algunos casos, que la inteligencia intelectual tradicional medida por el coeficiente intelectual (CI).

    La inteligencia emocional abarca diversas competencias, como la conciencia emocional, que implica reconocer y comprender las propias emociones y las de los demás, o la regulación emocional, que se refiere a la capacidad de manejar y controlar las emociones para responder de manera adaptada a las situaciones a las que nos enfrentamos, evitando conductas impulsivas. La empatía es otra habilidad clave, permitiendo la comprensión y conexión con las emociones de otras personas. Y por supuesto, dice de las habilidades sociales, como la resolución de conflictos y la cooperación social, que son fundamentales para mantener interactuar de manera satisfactoria.

    Goleman argumenta que las personas con alta inteligencia emocional gestionan mejor sus emociones, entienden las de los demás y son capaces relaciones satisfactorias y sugiere que estas habilidades emocionales contribuyen al éxito en diversos aspectos de la vida, incluyendo el ámbito personal y profesional. La inteligencia emocional se vincula con beneficios como la satisfacción en el trabajo, relaciones más saludables, toma de decisiones afectivamente responsables y la resiliencia emocional.

    ¿Se puede entrenar la inteligencia emocional?

    La inteligencia emocional es una habilidad que se puede cultivar a lo largo del tiempo mediante práctica y esfuerzo consciente. Para desarrollarla, es fundamental prestar atención a tus propias emociones, identificarlas y comprender cómo influyen en tus pensamientos y acciones. Puedes comenzar con la práctica de la meditación y la reflexión personal para fortalecer la autoconciencia emocional.

    En términos de autorregulación, es importante aprender a gestionar las emociones de manera efectiva, evitando respuestas impulsivas y manejando el estrés. Puedes incorporar técnicas como la respiración profunda, la visualización y la toma de perspectiva en situaciones desafiantes para regular tus emociones.

    La empatía, otra componente clave, se puede desarrollar practicando la comprensión de las emociones de los demás. Escuchar activamente, ponerse en el lugar del otro y estar atento a las señales emocionales son prácticas que fortalecen esta habilidad.

    La automotivación, por último, implica cultivar la motivación interna, establecer metas realistas y mantener una actitud positiva. Enfocarte en el significado y propósito de tus metas te ayudará a mantener la motivación a largo plazo.

    La relación entre la inteligencia emocional y la cognitiva

    La inteligencia cognitiva, aquella en la que pensamos habitualmente cuando utilizamos la palabra inteligencia, y la inteligencia emocional están interrelacionadas de manera significativa en el funcionamiento integral de una persona. La inteligencia intelectual, medida a menudo por el coeficiente intelectual (CI), abarca habilidades como el razonamiento lógico, la resolución de problemas y la capacidad de aprender. Por otro lado, la inteligencia emocional se centra en la comprensión y gestión de las emociones propias y ajenas, así como en la habilidad para relacionarse de manera efectiva.

    Ambas formas de inteligencia interactúan y se complementan en diversas situaciones de la vida cotidiana y en el logro de metas personales y profesionales. Por ejemplo, una alta inteligencia cognitiva puede facilitar el procesamiento de información emocional y la toma de decisiones reflexiva. A su vez, una sólida inteligencia emocional puede influir positivamente en las relaciones interpersonales y en la capacidad para trabajar en equipo.

    La inteligencia intelectual y la inteligencia emocional interactúan y se influyen mutuamente, contribuyendo al bienestar general y al éxito en diversos aspectos de la vida. Ambas son componentes valiosos y complementarios en la construcción de una persona equilibrada y competente. La teoría de Goleman no excluye la importancia de la inteligencia intelectual. En cambio, aboga por un enfoque integral que reconozca y valore tanto las habilidades emocionales como intelectuales, considerando su impacto conjunto en la calidad de vida y el éxito general de una persona.

  • La conformidad informativa y normativa

    La conformidad informativa y normativa

    La conformidad se manifiesta a través de dos dimensiones distintas pero interrelacionadas: la conformidad informativa y la conformidad normativa. Ambos conceptos han sido ampliamente explorados y discutidos en la literatura sociológica y psicológica para entender los procesos que llevan a la adopción de actitudes, opiniones o comportamientos en contextos sociales.

    Conformidad informativa

    La conformidad informativa se refiere a la tendencia de las personas a aceptar la información proporcionada por otros como una guía para el comportamiento cuando se enfrentan a situaciones ambiguas o desconocidas. Este tipo de conformidad surge de la necesidad de obtener conocimientos precisos y tomar decisiones informadas en entornos en los que la información es limitada. Un estudio clásico que aborda la conformidad informativa es el experimento de Asch (1951), donde los participantes se ven influenciados por las respuestas erróneas del grupo cuando la tarea presenta cierta ambigüedad.

    Un ejemplo contemporáneo de conformidad informativa puede observarse en la difusión de noticias falsas en redes sociales. Cuando los individuos se enfrentan a información nueva y desconocida, pueden sentir la necesidad de conformarse con la opinión mayoritaria del grupo sin cuestionar la veracidad de la información, contribuyendo así a la propagación de desinformación.

    Conformidad normativa

    La conformidad normativa se refiere a la adaptación de comportamientos y opiniones para ajustarse a las normas sociales y evitar el rechazo o la desaprobación del grupo. Este tipo de conformidad se manifiesta cuando las personas buscan la aprobación y el apoyo social, preocupándose más por ajustarse a las expectativas del grupo que por la precisión de la información. El famoso experimento de Milgram (1963) sobre la obediencia a la autoridad ilustra cómo la conformidad normativa puede llevar a individuos a realizar acciones moralmente cuestionables debido a la presión social.

    Un ejemplo contemporáneo de conformidad normativa puede observarse en la adopción de comportamientos de moda o consumo influenciados por las tendencias culturales. La presión para vestirse, actuar o consumir de cierta manera puede conducir a la conformidad normativa, ya que las personas buscan la aceptación social y la pertenencia al grupo.

    ¿Para qué sirve comprender la diferencia?

    Comprender la diferencia entre conformidad informativa y conformidad normativa es fundamental en diversos campos, ya que proporciona una visión más completa de los procesos sociales y psicológicos que influyen en el comportamiento humano. En términos de diseño de intervenciones sociales, la distinción permite enfocarse en la precisión de la información para influir en comportamientos o, alternativamente, abordar las normas sociales para lograr la aceptación y pertenencia.

    En el ámbito del marketing y la publicidad, el conocimiento de la conformidad informativa puede ser crucial para destacar la calidad y utilidad de un producto, mientras que la comprensión de la conformidad normativa permite capitalizar las tendencias y normas sociales en campañas publicitarias. En liderazgo y gestión de equipos, se requiere una atención especial a cómo la información y las expectativas grupales afectan el comportamiento para liderar eficazmente y fomentar un ambiente de trabajo positivo.

    Respecto al a educación y la comunicación, por otra parte, la distinción permite optimizar la enseñanza proporcionando información clara y precisa, al tiempo que aborda la conformidad normativa que puede afectar la dinámica en el aula. En la prevención de comportamientos perjudiciales, el conocimiento de la conformidad informativa ayuda a proporcionar información precisa sobre riesgos y consecuencias, mientras que la comprensión de la conformidad normativa es crucial para contrarrestar comportamientos negativos promovidos por normas sociales.

    Para la investigación social y psicológica, la distinción entre conformidad informativa y conformidad normativa permite a los investigadores diseñar experimentos específicos para explorar cómo las personas buscan y utilizan información en diferentes situaciones, así como abordar la dinámica grupal y las influencias sociales para obtener una comprensión más completa de los fenómenos estudiados.

    Interacción y dinámicas complejas

    Es fundamental entender que la conformidad informativa y normativa no son compartimentos estancos: ambas dimensiones interactúan de manera compleja. Las personas pueden buscar información precisa (conformidad informativa) mientras también desean ser aceptadas socialmente (conformidad normativa). La interacción de estos dos procesos depende de factores contextuales, individuales y grupales.