Lo que dicen “los científicos” sobre los titulares que invocan a “los científicos”

Científico en laboratorio - imagen estereotípica de la ciencia

Spoiler: nada bueno.

El titular mágico que nos vende la moto

“Lo que dicen los científicos sobre dormir con calcetines”, “Los científicos explican por qué te enamoras de gente tóxica”, “La ciencia revela el secreto de la felicidad”. Si estás leyendo esto, probablemente has caído en la trampa al menos unas 47 veces este mes. Tranquilo, yo también.

El problema no es que estos titulares existan (el clickbait es tan viejo como el periodismo mismo); el problema es que han encontrado la palabra mágica que nos hace bajar la guardia: científicos. Esa palabrita convierte cualquier opinión de bar en verdad universal. Es como el “créeme” de los cuñados, pero con bata blanca.

“Los científicos” no existen

“Los científicos” como ente colectivo y homogéneo es una fantasía más grande que una mayoría absoluta del PP sin sobres, sin Gürtel y sin amnesia colectiva. Un astrofísico que estudia agujeros negros tiene tanto en común con un psicólogo cognitivo como yo con Beyoncé: compartimos planeta, pero ahí acaba la cosa.

Cuando un titular dice “los científicos afirman”, lo que realmente significa es “un estudio de una universidad que nadie conoce, con 23 participantes, sugiere que quizás, posiblemente, bajo ciertas condiciones muy específicas…”. Pero eso no cabe en un titular, claro.

¿Un cardiólogo opina sobre cambio climático? Científico. ¿Un físico teórico habla de nutrición? Científico. ¿Un biólogo marino da consejos de pareja? También científico. Es como si llamáramos “los artistas” a Caravaggio, a tu prima que hace scrapbooking y al grafitero del barrio. Técnicamente correcto, prácticamente absurdo: constitucional según el PP, incomprensible para cualquiera con pulso

La ciencia no es un lugar, es un verbo

Decepción para los románticos: la ciencia no son tubos de ensayo humeantes ni gente con gafas mirando microscopios mientras dicen “¡eureka!”. La ciencia es un método para no engañarnos a nosotros mismos, porque resulta que somos malísimos en eso de ser objetivos y procesar la información. Es una forma de pensar.

El científico más científico del mundo puede dejar de hacer ciencia en cuanto sale del trabajo y empieza a opinar sobre cosas sin aplicar ese método. Y el frutero de tu barrio puede ser más científico que muchos doctores si se dedica a observar, cuestionar y comprobar sus hipótesis sobre qué aguacates están en su punto.

Por qué picamos como pardillos

Ha llegado la hora de la autoflagelación colectiva: ¿por qué nos encanta que nos vendan burras con titulares así?

Primero, porque “los científicos” es el argumento de autoridad definitivo. Es el equivalente moderno a “lo dijo Aristóteles” en la Edad Media. Activamos el piloto automático mental, porque si lo dicen los científicos, será verdad, y así me ahorro tener que pensar por mi cuenta. Eficiencia cognitiva, lo llaman. Pereza mental, deberíamos llamarlo.

Segundo, porque queremos respuestas simples a preguntas complejas. “¿Por qué no ligo?” tiene 847 respuestas posibles, pero “porque la ciencia dice que tu lenguaje corporal está mandando señales equivocadas” es más digerible que “porque la vida es complicada, chaval”.

Y tercero, y esto duele, porque nos gusta sentirnos validados. Si “los científicos” confirman lo que ya pensábamos, perfecto. Si contradicen nuestras creencias, bueno, seguro que esos científicos están comprados por la industria farmacéutica, el lobby vegano o los illuminati.

La ciencia mola, pero no es tu horóscopo

Mira, la ciencia es probablemente lo mejor que hemos inventado como especie para entender el mundo, después de la paella de setas. Pero, y este es un pero enorme, no lo explica todo ni tiene que explicarlo todo.

La ciencia te puede decir cómo funcionan tus neurotransmisores cuando te enamoras, pero no te va a explicar por qué esa persona en concreto te hace sentir mariposas en el estómago. Puede estudiar los patrones del arte, pero no te va a decir si un cuadro es bonito. Puede analizar las estructuras narrativas, pero no te va a revelar por qué lloraste con esa película cutre de Netflix.

Hay preguntas que son científicas, preguntas que son filosóficas, preguntas que son personales y preguntas que son simplemente chorradas que nos hacemos a las tres de la mañana. Y está bien que no todo tenga que pasar por el filtro del método científico para ser válido o importante.

Lo que no está bien es usar “la ciencia dice” como si fuera el conjuro definitivo para zanjar cualquier debate. La ciencia no dice nada: los estudios sugieren, los datos indican, los expertos debaten. Que es mucho menos sexy para un titular, ya lo sé.

Maricones, lo verdaderamente sexy son mis piernas. Lo dejo sobre la mesa.

En fin

Cuando veas un titular que invoca a “los científicos”, respira hondo y pregúntate: ¿qué científicos? ¿de qué campo? ¿qué estudiaron exactamente? ¿cuántos eran? ¿quién financió la investigación?

O mejor aún: lee el artículo. Igual es mucho pedir. Pero oye, al menos ahora cuando caigas en el clickbait lo harás con plena conciencia. Que ya es más de lo que hacen “los científicos” cuando opinan sobre cosas que no son lo suyo.

Ah, y una cosa más: el que escribe esto cae en absolutamente todas estas chorradas. Todas. Bueno, menos en las que empiezan con “lo que dicen los científicos”, que para eso me he vuelto muy fino. Pero si el titular dice “un estudio de la universidad de Massachussetts”, “Chomsky dice que ” o simplemente “el truco que nadie te ha contado sobre cómo leer 25 libros en una semana”… ahí estoy yo, haciendo click a las dos de la mañana mientras espero a que me entre el sueño.

Haz lo que digo, no lo que hago. Que es básicamente el lema no oficial de todo el que escribe en internet.