Arf, he conseguido que salga el candadito verde como página segura. La verdad es que no sé muy bien lo que he hecho, pero he aquí los pasos que he seguido:

  • En el hosting (estoy en Dreamhost), le he dado a «conexión segura».
  • He editado el .htaccess para que fuerce la conexión segura con este código:
RewriteEngine On
RewriteCond %{HTTPS} !=on
RewriteRule ^(.*)$ https://%{HTTP_HOST}%{REQUEST_URI} [L,R=301] 
  • He ido a ajustes > general y le he dicho a WordPress que la dirección siempre empieza por https.

Voilà!

¿Votaré?

He oído cienes de historias de terror sobre españoles en el extranjero que han querido votar en las elecciones en España y no han podido, no les han dejado, las papeltas han llegado tarde o la conjunción de Júpiter con Saturno en Piscis ha conspirado para que no pudieran. Hoy ha salido un artículo en El País sobre dos millones de españoles que van a quedar atrapados en el doble calvario del voto rogado. Por favor, que alguien lo escriba con más drama e intensidad, que todavía no estamos suficientemente ansiosos.

A continuación me he ido a la web de la embajada española en Copenhague para informarme sobre lo que tengo que hacer para votar desde aquí. En el menú hay una opción que dice Procesos electorales y he hecho click. La página está vacía. Igual es que las instrucciones para votar desde aquí son secretas excepto para los que han pasado el calvario. ¿Y si el calvario es una palabra secreta escrita en código?

No voy a coger un avión para votar en España por razones evidentes y tampoco sé si puedo votar después de inscribirme en el registro consular.

Por razones como éstas estoy contando los meses para poder pedir la nacionalidad danesa. Es una pena, pero qué le voy a hacer.

«El cuarto de la criada», de Fiona Mitchell

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Me compré El cuarto de la criada por casualidad, dando una vuelta rápida por la FNAC y a punto de irme. Leí la contraportada y decía algo así como el nuevo The Help. La novela va de criadas que lo pasan fatal porque las señoronas malas les hacen la vida imposible, chantajeándolas con la deportación. Excepto la que hace de Skeeter –o sea, la señora que debe ser malísima pero que resulta ser buenísima porque no entiende la crueldad hacia las criadas– las demás son unas brujas ahostiables que se merecen la ruina económica para no poder irse de cócteles al club de golf. Por malas pécoras.

Reglas esenciales para la organización del servicio doméstico extranjero:


1. Seguridad: Las criadas pueden generar muchos problemas en este sentido. Por ello te recomiendo guardar bajo llave su pasaporte, sobre todo si se ocupa de cuidar a tus hijos.


2. Relaciones: No debes permitir que tenga novio. Al fin y al cabo, un embarazo significaría su deportación y podrías verte obligada a pagarle el vuelo de regreso a casa.


3. Alimentación: Aconsejo separar su comida desde el primer día. Por ejemplo, yo tomo café Illy, que cuesta veinte dólares el paquete. ¡No esperaréis que lo comparta con ella!

Estas reglas son algo que la joven Jules, recién llegada a Singapur, no consigue comprender del todo, por mucho que sus nuevas amigas insistan en que son necesarias para manejar al servicio filipino.
Frente a esas señoras privilegiadas, las doncellas como la joven Dolly o su rebelde hermana Tala, soportan esa situación escandalosamente injusta a cambio del dinero necesario para mantener a sus familias. Pero, ¿hasta cuándo aguantarán sin rebelarse?

De la editorial
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Fiona Mitchell

No está mal, se lee en dos ratos, pero es cierto que se parece mucho a The Help. Pero mucho, mucho. Como ya te avisan en la contraportada, no puedes evitar la comparación de una con la otra. Las similitudes llegan a que algunos personajes tengan exactamente los mismos problemas y los solucionen de la misma forma después de tener los mismos conflictos entre ellos. Además, parece que nunca termina de despegar: hay muchísimos personajes que, francamente, no me interesaban –excepto uno, y no era la protagonista– y me hubiera gustado que no hubiera pasado tan de puntillas por algunas escenas. O que las hubiera eliminado. Al final iba todo tan rápido que estuve a punto de que me diera un ataque de epilepsia lectora. En definitiva: menos personajes, menos historia, menos problemas y menos diálogo. Y como está todo contado en presente, interviene un niño con hiperactividad y hace tanto calor, al final necesitas un valium y darte una ducha.

En general, lectura de piscina. O de tarde de domingo. Pero lluviosa.

El alemán está perdiendo las desinencias del genitivo. En su lugar, cada vez más hablantes usan el von + dativo.

Una pena. O no, en el fondo da igual. Es como pensar que da pena que los ríos erosionen el terreno creando gargantas o que pasen de moda los pantalones de pitillo…, aunque esto último sería una gran conquista para la humanidad.