Etiqueta: psicología social
Cohen (1972), el pánico moral y los “folk devils”

Stanley Cohen describió en 1972 cómo las sociedades entran en pánico moral colectivo cuando un fenómeno social menor se presenta como amenaza existencial. Los medios amplifican, crean folk devils (chivos expiatorios reconocibles), y simplifican problemas complejos en narrativas de «ellos contra nosotros». Los medios de derecha españoles fabrican pánico convirtiendo leyes progresistas en amenazas morales… →
Qué es la reactancia psicológica y por qué te rebelas cuando te dicen qué hacer (o qué no)

La reactancia psicológica es la reacción automática cuando percibes que tu libertad está amenazada. Brehm demostró que prohibir algo lo hace más deseable. No es rebeldía consciente, es impulso visceral. Decir «no seas racista» puede activar resistencia defensiva en lugar de reflexión. La extrema derecha explota esto con «te quieren callar». Distinguir cuándo protege de… →
La ansiedad categórica y las personas trans

Tu cerebro usa categorías automáticas para ahorrar energía. Cuando algo no encaja, entra en pánico. La intolerancia a la ambigüedad genera ansiedad ante personas trans que desafían categorías binarias. El argumento «biológicamente solo hay dos sexos» busca restaurar certezas simples ignorando la complejidad real. La incomodidad tiene las mismas consecuencias que el odio. →
Por qué hay peña que cree que el ataque a Venezuela es “liberar al país”

Cuando Trump habla de «liberar Venezuela», lo que tu cerebro escucha es «Captain America va a repartir democracia», cuando la realidad es más bien «ExxonMobil necesita un nuevo proveedor». Nuestro cerebro nos juega una mala pasada para hacernos aplaudir invasiones petroleras disfrazadas de operaciones de libertad. →
La fatiga de la indignación y por qué cada escándalo importa menos

La fatiga de la indignación es el agotamiento emocional que sufres cuando los escándalos políticos son constantes y no tienen consecuencias. Tu cerebro se habitúa al estímulo negativo repetido y desconecta para protegerse, igual que deja de oír el ruido de una autopista. Estar permanentemente indignado tiene un coste psicológico brutal: tu capacidad de indignación… →
La banalidad del mal o cómo la gente normal construye el horror sin despeinarse

Si te dijera que el mayor peligro para la humanidad no son los psicópatas sedientos de sangre, sino los burócratas competentes, probablemente pensarías que me estoy poniendo dramático. Que esto es clickbait intelectual. Que los verdaderos monstruos son Hitler, Stalin, Pol Pot… ya sabes, gente con bigote raro, discursos histéricos y biografías chungas. →
El mito del yo auténtico: por qué no eres tan coherente como crees

Cuanto más creemos en nuestro yo auténtico, más rígidos nos volvemos. Más defensivos. Menos capaces de revisar creencias. Más propensos a pensar que el problema siempre está fuera. Aceptar que la identidad es un relato a posteriori no nos convierte en cínicos ni en relativistas sin principios. →
La falacia del mundo justo y por qué culpamos a las personas inocentes

El efecto del mundo justo es la creencia de que a la gente le pasa lo que se merece. Tu cerebro se aferra a esta idea porque aceptar que el mundo es injusto y caótico es una mierda. Esta es el argumento perfecto para justificar la desigualdad y alimentar a la ultraderecha. →
Defender los derechos humanos no es radical

La defensa de los derechos humanos y la justicia social se presenta como una posición ética y democrática, no como una postura extrema. La percepción de radicalismo surge con frecuencia de sesgos cognitivos, resistencia al cambio y respuestas emocionales ante la revisión de privilegios y normas establecidas. →
Tú también podrías convertirte en un monstruo

La diferencia entre tú y quienes cometieron atrocidades históricas no es tu superioridad moral, sino las circunstancias. El sesgo del punto ciego te hace creer que eres inmune a la manipulación, pero experimentos como los de Milgram y Zimbardo demuestran que personas normales hacen cosas horribles bajo presión social. Además, ser progresista no te protege,… →









