La importancia de los valores culturales en la educación

Rogoff (1993) opina que existen numerosas diferencias entre las culturas en las que, como la nuestra, el cuidador se adapta al niño, y las culturas menos tecnificadas, en las que es el niño quien se adapta a las situaciones habituales de la familia en la sociedad.

(…) En nuestras sociedades, la separación estricta por edades y el hecho de que los más jóvenes aprendan aquello que se considera que necesitan en un contexto específico que tiene la finalidad de educar provoca que los pequeños aprendan habilidades específicas para adaptarse a esa situación.

Este proceso de socialización, de traspaso progresivo de la infancia a la adolescencia, y de la adolescencia a la edad adulta está evolucionado de tal manera qeu hay autores, como Steinberg y Kincheloe, que afirman que el niño entra en un proceso de adultización, se van eliminando las fronteras que separan su mundo del mundo de los adultos. Una gran parte de los niños y niñas del Occidente rico del siuglo XXI tienen acceso al mundo de los adultos -sin filtros- por medio no sólo de la televisión, sino también, y sobre todo, por medio de internet. La extensa colección de «sustitutos tecnológicos de la figura humana» ​(Alonso, 2001)​ no es, quizá, la causa del problema de este proceso, sino la consecuencia de una sociedad y una estructura familiar en continuo proceso de cambio.

Como ha observado Rogoff, las cosas son diferentes cuando el desarrollo del niño tiene lugar en una cultura en la que los niños están integrados en las actividades de sus padres y de otrtos adultos. En estos casos, según la autora, los niños se aseguran un papel en la acción, aunque sea cmoo observadores próximos. Callando y observando, escuchando, asisten a los acontecimientos habituales y a otros más críticos de la vida de la comunidad. Estos niños afinan sus dotes de observación, aprenden a fijarse en las cosas y, en muchas ocasiones, consiguen la autonomía en la realización de determinadas tareas valoradas en el seno del grupo utilizando básicamente estrategias de observación.

Las diferencias se extienden también a la posibilidad de participar y a la diferente significación que adopta la misma participación. Cuando los niños se encuentran en las actividades de los adultos, es habitual que progresivamente tomen parte activa en aquello que hacen sus padres o familiares. Los niños mayas, desde el primer o segundo año, observan a sus madres cuando hacen las cocas para cenar, y pronto se les da un poco de masa para trabajarla; las madres los ayudan a hacerlo y si se puede -si no se ha caído al suelo y está bien amasada-, fríen la coca del nño y uno u otro se la come para cenar; a los cinco o seis años, pueden preparar la comida solos. En ésta y en otras actividades reales, los niños aprenden que los errores tienen un coste improtante; quizá por ello no se les da la responsabilidad hasta que no se considera que, a partir de la observación y de la actuación dirigida por otros, están preparados para asumirla. Los errores no tienen el mismo significado en actividades menos reales, ya que su coste es diferente y que muy a menudo no repercute en los demás ni en la organización de la actividad propia.

Leído en GRÀCIA, M. y SEGUÉS, M. T. (2020). «¿Cómo se aprende en el contexto familiar?» En Íbidem «Psicología de la educación y la instrucción», Barcelona: FUOC.


Referencias
  1. Alonso, C. (2001). Encerrados con un solo juguete. La infancia y la adolescencia del siglo XXI. In M. Area (Ed.), Educar en la sociedad de la información (pp. 249–266). Desclee de Brouwer.
  2. Rogoff, B. (1993). Aprendices del pensamiento. Paidós.

Yo soy la seño

En los últimos diez años no he estado haciendo otra cosa que enseñar a niños y niñas. Lengua, sociales e historia. Antes de eso, estuve dando clases a adultos. Todo eso ocurrió en la prehistoria de este blog y aún antes: no sé si quedan algunos post de aquella época por aquí, creo que se perdió todo en un traslado. Y lo que tengo guardado, o no hay forma de abrirlo, o sólo se puede postear a pedal.

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Dar clases online: por qué cansa tanto enseñar con las plataformas online y qué he aprendido con el confinamiento

Ya vamos por la tercera cuarta semana de escuelas cerradas y esto de dar clases a distancia cansa más que darlas en directo. Nos esperan cuatro semanas más: ayer salió el gobierno diciendo que los estudiantes de primero a quinto de primaria vuelven al cole el miércoles 15 de abril. El resto, enseñanza a distancia hasta el 10 de mayo, como mínimo. No voy a entrar en si la decisión es correcta o no: solo diré que cuando salió la primera ministra anunciando la decisión noté una fuerte conmoción en La Fuerza.

Nos quedan, por lo menos, cuatro semanas más de clases a online. Cuatro semanas de aprender a ser influencer. Cuatro semanas de controlar a diario la iluminación y la escenografía, el sonido y los brillos. Cuatro putas semanas handiendo directos varias veces al día sobre temas apasionantes, como p. ej. cómo saber a qué hora cierran el restaurante o cómo preguntar al primero que pasa dónde está el zoo o qué decir cuando te preguntan qué tal y tu vida es una mierda. En estos momentos, odio profundamente el enfoque comunicativo.

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I am a Secondary Teacher and I am in Love with my Job

I have been teaching for the past 20 years. First adults, then primary students, then adults again. now I am a secondary teacher, to everyone’s surprise. Would I have been asked even 10 years ago, my answer would have been a loud laugh and a quiet never.

I ended up being a secondary teacher after moving to this small Danish village because I had no other option. I wasn’t getting another job in teaching if not in secondary. Or even any other job, but this is another story.

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Cómo no aprender una lengua extranjera

Hänsel und Gretel

¿Cuánto tiempo llevas estudiando inglés? ¿Estás hasta el coño o hasta los cojones de aprender listas de phrasal verbs que no te sirven para nada?

Las mamás y los papás de los chavales a los que enseño están en una situación parecida. Entre sollozos se acercan a mí y me preguntan qué pueden hacer para que los enanos aprendan alemán con menos dolor, sangre y palizas.

No hay una receta magistral, porque depende de la lengua que estés aprendiendo, de tu lengua materna, de tus conocimientos previos y de tus intereses, etc. El alemán es más fácil para un danés que para un español. Pero los españoles tienen menos problemas con el italiano que los holandeses. Para los dos es igual de inaccesible el mandarín (ese que sí existe, no como el chino). Pero para un tailandés, el mandarín no es nada del otro jueves.

Y además, no todas las lenguas se estudian de la misma forma en todas las etapas de la vida: lo que sirve para un adulto normalmente no funciona para un niño y al revés. Los niños no aprenden su primera lengua con listas de vocabulario. Aprenden a decir las cosas más inmediatas y necesarias. Mamá, papá, caca, no… y todos entendemos por qué el primer día del curso de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas no nos enseñan a decir mamá pica culo.

No es fácil saber lo que funciona para todo el mundo, pero sí está claro qué métodos no suelen funcionar. Por ejemplo: no puedes esperar aprender una lengua si solo te dedicas a traducir. Millones de españoles han estudiado latín traduciendo y solo los raros saben hablarlo. Está claro que hacer traducciones con regularidad ayuda porque es una práctica ordenada y sostenida, no porque sea productivo. Es decir, que si todos los días traduces mil palabras, lo que estás haciendo no es aprendiendo de la traducción sino que estás haciendo ejercicios todos los días. Al final tienes que recordar palabras por necesidad. Por c*j*n*s. Me pasó a mí, que terminé sabiendo un huevo de tuning de BMW cuando todavía no tenía ni el carné de conducir. Aprenderías en la misma medida leyendo en voz alta todos los días durante media hora un artículo cualquiera de la Wikipedia.

Los cuentos infantiles no son la mejor lectura para aprender lenguas

Allá va otro clásico: me voy a comprar un libro de cuentos para niños en alemán, y así aprenderé un montón. De alemán, se entiende.

No.

Mentira.

A ver, están escritos para niños o para sus padres, seres privilegiados que tienen el alemán como primera lengua, no como lengua extranjera. Que estén pensados para un público infantil no implica que sean fáciles por su vocabulario o por su sintaxis, sino que la estructura de la narración permite a los niños sacar moralejas con facilidad y aplicar ciertos patrones morales a situaciones de la vida diaria. Pero no son la lectura más adecuada para aprender vocabulario. No lo son. De verdad.

Un botón de muestra. No he reinventado la rueda, he copiado el comienzo del primer cuento que me ha venido a la cabeza:

Erase una vez un leñador muy pobre que tenía dos hijos: un niño llamado Hansel, y una niña llamada Gretel, y que había contraídonuevamentematrimonio después de que la madre de los niños falleciera. El leñador quería mucho a sus hijos pero un día una terrible hambrunaasoló la región. Casi no tenían ya que comer y una noche la malvada esposa del leñador le dijo: “No podremos sobrevivir los cuatro otro invierno. Deberemos tomar mañana a los niños y llevarlos a la parte más profunda del bosque cuandosalgamos a trabajar. Les daremos un pedazo de pan a cada uno y luego los dejaremos allí para que ya no encuentren su camino de regreso a casa.”

Hänsel y Gretel, Versión de Wikisource. En negrita, he marcado las palabras y las estructuras que no sirven para nada. De hecho, estorban. ¿De verdad te sirve para algo la palabra malvada? ¿Y hambruna? He subrayado cuando salgamos porque cuando salimos mañana es comprensible para un hablante de lengua materna sin necesidad de meterse en berenjenales con el subjuntivo. Que sí, cuando llegues al B2 ya lo practicarás, pero hasta entonces, nada te impide usar el indicativo con cuando con sentido de futuro. Es decir, que cualquier español entendería una frase como cuando salgo mañana de trabajar voy al puticlub de la esquina sin usar el subjuntivo o el futuro simple como en cuando salga mañana iré al puticlub de la esquina.

Por cierto, la traducción al castellano me parece más difícil que el original en alemán. Qué cosas.

No digo que no haya que saber las palabras y las expresiones que he subrayado arriba, sino que no son útiles cuando uno está buscando la forma de adquirir vocabulario y fluidez. Cuando alguien ya tiene el nivel suficiente como para usar palabras de registros como hambruna o contraer matrimonio ya no es necesario aprender vocabulario porque es un proceso más o menos natural que se desarrolla con el uso de la lengua. O sea, que leñador es útil, pero solo si ya sabes pedir una paella sin gambas o ir al banco a reclamar unas tasas. A no ser que seas un leñador que no corta madera sino que se cuida para gustarle a otros leñadores.

Está de moda ser un leñador

Haz una prueba de nivel

Si no sabes si has alcanzado ese nivel, pregúntate lo siguiente:

  • ¿Podrías comprar un billete de tren en una máquina? ¿Entenderías todas las indicaciones de los carteles impresos donde se detallan todos los horarios?
  • ¿Irías a un dentista a que te hicieran una endodoncia?
  • ¿Podrías empadronarte?

Si puedes responder a las tres preguntas sin dudarlo, probablemente tengas un C1 y ya no necesitas aprender vocabulario, adquirir fluidez o repasar la gramática a no ser que estudies filología. Ya vendrá.

Si respondes que no, date por jodida/o. Todavía te queda un camino por delante. Tienes que aprender más palabras. Y tienes que hablar más rápido.

La clave está en el interés

¿Por qué te sacaste el carné de conducir? Para poder ir de un sitio a otro rápidamente sin tener que estar comprando bonometros, por ejemplo. Excepto para una proporción pequeña de los conductores, el resto del mundo nos sacamos el carné por razones diferentes a la de disfrutar de la conducción.

Aprender inglés es como sacarse el carné de conducir. Lo haces para ipoder acceder a un mejor puesto de trabajo, para poder irte de vacaciones a cualquier parte del mundo civilizado o, quién sabe, para poder leer a Hemingway sin traducir. Raros hay en todas partes. En definitiva, estudiar inglés es una tarea que no tiene beneficio en sí misma y eso hace todo mucho más difícil.

Leer cuentos desanima y el desaliento, junto con el aburrimiento, es el Enemigo con mayúsculas del aprendizaje de las lenguas extranjeras. Si estás leyendo un texto con palabros que no entiendes y tienes que ir cada línea tres veces al diccionario, si lo que lees no te sirve para tu vida diaria o si lo que lees ya sabes como termina, te vas a aburrir. Si te aburres, poco vocabulario vas a aprender. Por lo tanto, una de las claves es que lo que estás leyendo te interese. Por cualquier razón. Pero que te interese. Si te interesan Los tres cerditos, deja lo que estás haciendo y llama al 112.

[Nota: Hay que decir que lo de saber cómo termina sí puede ayudar, por ejemplo cuando eres tan friki que te sabes los diálogos de una película. Pero eso es otra historia.]

Uy, me han dicho que leer cosas que me interesen va a ayudarme mucho a aprender vocabulario. Pues voy a leerme “El Señor de los Anillos”, que me superencanta.

No. Precisamente, El Señor de los Anillos no es tan fácil como para andar leyéndoselo para aprender vocabulario. Prueba con otra cosa. Algo facilito y menos restrictivo. Bueno, quizá necesites practicar palabras de jergas específicas, como quebrada, batallón u orco.

Los cuentos infantiles no son obra del Demonio

Que quede claro: los libros para niños no son hijos de Belcebú ni nos va a dar el ébola por tocarlos. De hecho, leer libros para niños puede sernos útil para aprender. Pero hay que asegurarse de que no contengan palabras difíciles y de que no usen palabras y expresiones del siglo diecinueve, como tienen por costumbre muchas editoriales de cuentos en España. Porque al final no sabes si está hablando Bambi o Alfonso XII. De los cuentos modernísimos con títulos como Tito se tira peditos o ¿Por qué tengo dos mamás?, absténgome de hablar.

Yo aprendí mucho vocabulario inglés leyendo sobre cosas que me interesaban. O que necesitaba. ¿No dicen eso de que la necesidad es la madre del ingenio? Pues eso.

Y para los imperativos, el porno es lo mejor. Sigue, sigue, así, cómemer…O con el vídeo de abajo. Una hora de Manolo, cómeme el coño.