Por qué hay peña que cree que el ataque a Venezuela es “liberar al país”

La psicología que explica la creencia de que el imperialismo es “ayuda democrática”

¿Te has preguntado cómo alguien puede ver un ataque militar como si fuera una misión de rescate? Nuestro cerebro nos juega una mala pasada para hacernos aplaudir invasiones petroleras disfrazadas de operaciones de libertad. Cuando Trump habla de “liberar Venezuela”, lo que tu cerebro escucha es “Captain America va a repartir democracia”, cuando la realidad es más bien “ExxonMobil necesita un nuevo proveedor”.

El cerebro heroico: Hollywood ha programado tu visión geopolítica

Empecemos por el principio: el sesgo de confirmación y el “marco de rescate”. Desde que tienes uso de razón, te han bombardeado con películas donde Estados Unidos es el sheriff galáctico que siempre llega justo a tiempo para salvar a un pueblo indefenso. Puede ser en Latinoamérica o en Abydos, como en Stargate. Tu cerebro ama las narrativas simples. ¿Buenos contra malos? Perfecto, ya sé de qué lado estoy. ¿Análisis geopolítico complejo sobre recursos naturales, historia colonial y geoestrategia energética? Nah, eso suena aburrido y me hace cuestionar cosas incómodas.

Aquí entra lo que la psicología llama encuadre o framing. Cuando los medios de comunicación y los políticos presentan la situación no como “queremos controlar las mayores reservas de petróleo del planeta”, sino como “el pueblo venezolano sufre bajo una dictadura y debemos rescatarlo”, tu cerebro activa el modo película. Y en las películas, el interventor siempre es el bueno. El resultado es que tu mente literalmente filtra y descarta cualquier dato que contradiga esta narrativa: ¿Que Irak terminó en caos total después de la “liberación”? Ignorado. ¿Que Libia pasó de ser un país estable a tener mercados de esclavos después de la “intervención humanitaria”? Detalles sin importancia. ¿Que Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo? Pura coincidencia, seguro.

Tu cerebro retiene solo la información que confirma que esta vez, esta vez sí, la intervención es diferente y es realmente por razones nobles. Es como un filtro de Instagram, pero para justificar imperialismo.

¿Qué es el framing? Es como ponerle un marco a un cuadro: dependiendo de qué parte de la imagen decidas resaltar y cuál dejes fuera, la persona que mira sentirá una cosa u otra. En psicología, consiste en presentar la misma información de dos formas distintas para manipular tu reacción; por ejemplo, no es lo mismo decirte que un yogur está “libre de grasa en un 80%” (que suena genial y saludable) a decirte que tiene un “20% de grasa pura” (que suena asqueroso), aunque la realidad sea exactamente la misma.

La disonancia cognitiva y dormir tranquilo mientras apoyas la guerra y el saqueo

Ahora viene la parte jugosa: la disonancia cognitiva, ese malestar psicológico que sientes cuando dos ideas contradictorias chocan en tu cabeza. Por ejemplo: “Me considero una buena persona y la justicia, para mí, es súper improtante” versus “Estoy apoyando que mi país invada otro para robarle recursos naturales”. Incómodo, ¿verdad? Pues tu cerebro odia esa sensación más que hacer colas en el súper y por eso te tragas el cuento de que está fenomenal que EE.UU. bombardee Caracas. Por la libertad y tal.

Te estás montando una pirula en tu cabeza para crear una justificación moral que te hace parecer un perfecto hijo de la grandísima puta. “No, no, no vamos por el petróleo, vamos por la LIBERTAD. Vamos por la DEMOCRACIA. Vamos a SALVAR al pueblo venezolano de sí mismo”. ¿Ves cómo funciona? Es mucho más fácil mirarte al espejo por la mañana y verte como un defensor de los derechos humanos que como alguien que está cómodamente instalado en su casa mientras aplaude una operación militar cuyo objetivo real es garantizar que la gasolina siga barata en su país.

La disonancia cognitiva es la razón por la que la gente puede sostener simultáneamente ideas como “las guerras por petróleo están mal” y “pero esta intervención en este país petrolero específico es diferente porque patatas”. Necesitas coherencia interna, y si la realidad no coopera, pues te inventas una narrativa alternativa que sí lo haga y arreando. Amiga, eso es autoengaño. Y tú te quedas tan pichi, pensando que eres el faro moral de Occidente.

Deshumanización: cuando la población venezolana es el daño colateral

Para que Occidente acepte un ataque a otro país sin sentir náuseas morales, primero necesita dejar de ver a los habitantes de ese país como seres humanos completos con familias, sueños y derecho a no ser bombardeados. Acabas de poner en marcha un proceso de deshumanización, una de las joyas de la psicología social que ha justificado desde genocidios hasta intervenciones supuestamente humanitarias. O como los nazis, básicamente.

El truco es genial porque es súper simple. Se trata de enfocar toda la narrativa mediática en un solo dictador malvado. Maduro se convierte en el único rostro de Venezuela. Ya no ves a la señora que vende arepas, al estudiante universitario, a la enfermera que trabaja doble turno. Solo ves al Villano™. Y cuando eliminas al Villano™, automáticamente liberas al pueblo, ¿verdad? Bueno, excepto por las molestas cifras de muertos (que las habrá, aunque ahora digan que no), infraestructura destruida y el caos que inevitablemente sigue a las intervenciones militares. Pero esos son solo efectos secundarios que tu cerebro prefiere pasarse por el arco del triunfo porque así todo resulta mucho más cómodo.

Tu mente procesa toda la operación como una operación quirúrgica necesaria, no como lo que realmente es: un acto de agresión contra una población que, probablemente, no te ha hecho nada absolutamente nada. Las sanciones que causan escasez de medicinas y alimentos, como en Cuba, se convierten en “presión estratégica”. Los ataques militares se convierten en “operaciones”. El lenguaje aséptico te ayuda a mantener la distancia moral necesaria para no tener pesadillas con las consecuencias reales de estas políticas.

Cuestionar da yuyu a tope y por eso encuentras una justificación

Y así, amiguis, llegamos al mecanismo de defensa psicológica más poderoso de todos en este caso: la justificación del sistema. Existe en tu mente una tendencia casi automática a defender el statu quo del orden mundial occidental, especialmente si vives cómodamente dentro de él. Más que psicología es arrogancia cultural, pero si digo que es un mecanismo psicológico le da más empaque al asunto. Punto.

Cuestionar seriamente que el líder de Occidente (y queramos o no, EE.UU. lo es) está cometiendo actos de agresión imperialista significa cuestionar todo el sistema en el que vives. Si te mienten sobre esto, ¿sobre qué más te mienten? Si tus líderes no son los buenos, ¿quiénes son? Si el orden mundial que te beneficia está construido sobre la explotación y la violencia, ¿qué dice eso sobre ti? Estas preguntas son incómodas de la hostia. ¿O no?

Entonces tu cerebro hace un cálculo del que no te das ni cuenta. “Si ellos dicen que es por la democracia, debe ser verdad, porque si me están mintiendo en algo tan grave, mi mundo entero es una mentira”. Es un mecanismo de defensa psicológica para no sentir que vives en un sistema fundamentalmente injusto. Es más fácil, más cómodo y más seguro creer que Estados Unidos interviene por razones nobles que aceptar que el orden internacional está diseñado para extraer recursos de países más débiles mediante la fuerza cuando la diplomacia y la coerción económica no son suficientes.

La justificación del sistema te protege de una verdad de mierda que consiste en que tu nivel de vida se basa, al menos parcialmente, en la explotación de otros. Y eso es un pensamiento que tu cerebro evitará con todas sus fuerzas, porque aceptarlo requeriría cambios profundos en tu forma de vivir y pensar.

El hechizo cognitivo

Entonces, ¿cómo alguien termina creyendo que bombardear Venezuela es un acto de liberación y no de imperialismo petrolero? A través de una combinación perfecta de sesgos cognitivos, narrativas culturales profundamente arraigadas, y mecanismos de defensa psicológica que protegen tu comodidad emocional. Tu cerebro prefiere la historia simple del héroe salvador que la compleja y perturbadora realidad de la geopolítica extractivista.

Si ves que han puesto en marcha “intervenciones humanitarias” en países que casualmente tienen recursos naturales valiosos, deberíamos preguntarnos si estamos viendo una película de superhéroes o un documental sobre intereses económicos. Tu cerebro te empujará hacia la primera opción y se creerá toda la mierda que te cuenten. La verdad, incómoda y compleja, espera pacientemente en la segunda.

A mí me intriga mucho qué narrativas surgirían si Trump invadiera Groenlandia. Porque lo de la liberación y la democracia no habrá quien se lo trague, a no ser que tengas la capacidad cognitiva de un canario.