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La educación sexual es necesaria, aunque Meloni diga que no
Italia obliga a pedir permiso a las familias para impartir educación sexual en las escuelas
La educación sexual es necesaria. Punto.
La evidencia disponible sugiere que la educación sexual en los colegios puede contribuir a reducir ciertos riesgos de violencia de género, o al menos a cambiar actitudes y conductas que facilitan esa violencia.
- La UNESCO afirma que la educación sexual integral que incluya igualdad de género, derechos, consentimiento, respeto, y relaciones sanas, puede ser una herramienta clave para prevenir la violencia y el abuso sexual contra mujeres y niñas.
- Cuando la educación sexual aborda “normas de género”, respeto, relaciones igualitarias y habilidades de comunicación, puede reducir comportamientos de riesgo e incrementar conciencia sobre violencia de pareja entre jóvenes.
- Una revisión de tres décadas de investigación concluye que un plan integral de educación sexual se asocia con mejores resultados: relaciones más sanas, menor violencia en relaciones de pareja, mayor respeto a la diversidad sexual, y mayor conciencia sobre consentimiento y límites. La educación sexual funciona mejor cuando es desde la escuela primaria, cuando se prolonga en el tiempo a lo largo de diferentes años de estudio, caundo es inclusiva y cuando no se centra exclusivamente en los riesgos.

Este es el verdadero problema de Italia.
Tenemos dos décadas de investigación a nuestras espaldas que concluyen que la educación sexual en primaria y en secundaria tiene un efecto positivo en muchas variables, entre otras la violencia machista.
Pero es que en Italia tienen el problema que tienen. Os daré una pista. Empieza por U y termina en LTRADERECHA.
Noche de elecciones europeas
(Actualizado conforme iba viendo los resultados y las declaraciones de los partidos.)
Macron acaba de disolver la Asamblea Nacional por los resultados en las europeas. Lo que él no sabe es que no es Perrosanxe y que la jugada le va a salir regulín. Macron se ha marcado un Perro Sanxe. Pero Macron no es Perro Sanxe.
Mientras, en la Comunitat Valenciana, con Carlos Mazón a la cabeza (o al culo) se ha registrado una fundación para hombres maltratados. Una fundación para hombres maltratados, registrado por cuñados maltratados, probablemente. No es que ser valenciano sea difícil, es que es una vergüenza. Luego está Buxadé, de BOCS, que dice que “en Austria ha ganado lo austríaco”. No soy capacitista, pero la escasez cognitiva de estos dos da escalofríos.
Lo del memo de las redes sociales (al que ni voy a mencionar ni, menos aún, voy a enlazar), ese que no sabes si es que está drogado o si es mala persona o ambas, ha sacado tres escaños, tres. Recuerdo cuando en España se reían de que Cicciolina había salido elegida en Italia y pienso que esto es mucho peor. Pero mucho, mucho peor. Hablamos de hombres jóvenes, ultraconservadores y violentos, que creen en mentiras, las difunden y que no creen ni la democracia ni en la libertad.
Mientras tanto, en el PP, va y sale Feijóo diciendo que ha ganado las elecciones por enésima vez. Pero sigue siendo el primer español que no es elegido presidente porque él no quiere, como dijo el otro. Frente a los otros tsunamis en Europa (Macron convocando elecciones, el primer ministro belga renunciando, la CDU a tope), Perro Sanxe no ha caído. Que no es que sea santo de mi devoción, pero es que el ridículo que está haciendo el PP es de traca. Y Cuca Gamarra, en segundo plano, con la mandíbula a tope.
Vale, ya paro.
El feminismo transexcluyente es ultraderecha

Hace ya tiempo que me cabrea muchísimo el discurso transexcluyente de un sector del feminismo español. El hecho de que coincidan en actos con los partidos de ultraderecha y que a nadie se le ocurra levantar una ceja es como si dijéramos que la Sección Femenina era una institución dedicada al crecimiento personal de las mujeres españolas. Una barbaridad. Las similitudes son tan abrumadoras que es imposible a nadie con dos dedos de frente le parezca que no hay una conexión.
Para empezar, tanto el feminismo transexcluyente (TERF) como la ultraderecha comparten la visión de que las mujeres transgénero no son mujeres “reales”. Las TERF argumentan que las mujeres trans son hombres que invaden espacios femeninos, mientras que la ultraderecha las considera una amenaza a la “moral tradicional” y al orden social. Ambas perspectivas niegan la identidad de las personas transgénero, su derecho a la autodeterminación y su experiencia de género.
En segundo lugar, se basan en una visión esencialista del sexo, donde el sexo biológico determina la identidad de género de forma inmutable. Las TERF sostienen que las mujeres trans no pueden ser mujeres “de verdad” porque no tienen los mismos órganos sexuales que las mujeres cisgénero. La ultraderecha, por su parte, utiliza este argumento para defender la heteronormatividad y el binarismo de género, rechazando cualquier forma de expresión de género que no se ajuste a las normas tradicionales.
Tanto el TERF como la ultraderecha utilizan un lenguaje discriminatorio y estigmatizante hacia las personas transgénero.Las TERF las acusan de ser “invasoras” o “fraudes”, mientras que la ultraderecha las deshumaniza y las convierte en blanco de violencia y discriminación.
Ambas ideologías se oponen a la expansión de derechos para las personas transgénero, como el acceso a baños públicos o la participación en deportes que coincidan con su identidad de género. Las TERF argumentan que estos derechos vulneran los derechos de las mujeres cisgénero, mientras que la ultraderecha los considera una amenaza a la “familia tradicional” y al orden social.exclamation
En algunos casos, las TERF han establecido alianzas con grupos de extrema derecha para promover su agenda anti-transgénero. Esto ha generado preocupación por la posibilidad de que el feminismo transexcluyente se convierta en una puerta de entrada a la radicalización y la violencia de extrema derecha.
Este tipo de feminismo, como la ultraderecha, rechaza la interseccionalidad, un marco teórico que analiza cómo diferentes formas de opresión, como el sexismo, el racismo y la transfobia, se interconectan y afectan de manera desigual a las personas. Esta postura les impide comprender las experiencias de las personas transgénero que también son racializadas, de clase baja o con otras identidades minoritarias.
Afortunadamente, la mayoría del feminismo apoya los derechos de las personas trans, afortunadamente, pero esta alianza entre el feminismo español y la ultraderecha es una peligrosa tendencia que debe ser combatida por todas las personas que creen en la igualdad y la justicia social. Sin excepciones.



