Sobre el «instinto maternal»

people on farm painting

Gergen dice que las características atribuidas a ciertos constructos que ahora tenemos naturalizados han evolucionado a lo largo del tiempo. A propósito de la maternidad dice lo siguiente:

«En la época moderna consideramos que el amor de una madre por sus hijos representa un aspecto fundamental de la naturaleza humana, así como que las emociones tienen una base genética. Si una madre no muestra amor por sus hijos, nos parece inhumana. No obstante la historiadora francesa Elizabeth Bandinter sostiene que no siempre fue así. En Francia e Inglaterra, durante los siglos XVII y XVIII, los niños vivían en forma marginal. Los escritos de la época ponen de relieve una generalizada antipatía hacia ellos, porque nacían en el pecado, significaban un fastidio insoportable y, en el mejor de los casos, solo servían para jugar o para convertirse en el futuro en labradores. Entre los pobres, que no practicaban el aborto ni tenían fácil acceso al control de la natalidad, abandonar a un hijo era una costumbre difundida. A todas luces, el concepto de instinto maternal habría aparecido extraño en estas sociedades.

Más aún, incluso la lactancia del niño era vista en muchos círculos como una pérdida de tiempo para la madre. Si la familia era lo bastante rica, el recién nacido era enviado al campo la mayoría de las veces para que alguna nodriza se ocupara de él; Y a raíz de los malos tratos que recibían de estas nodrizas, o de que la leche que le estaban no fuera alimento suficiente, era muy común que estos niños murieron. Esas muertes infantiles se tomaban como un asunto de rutina, ya que a la larga o a la corta un niño era reemplazado por otro; los diarios íntimos, al relatar las costumbres familiares, muestran que la muerte de un niño causaba tampoco inquietud en la familia como la de un vecino, o menos; son las actividades económicas de la familia a lo largo de aquella jornada ocupaba más espacio.»

Toma ya.

Referencias

  1. De Gergen, K. J. (1992). El asedio del yo. En «El yo saturado: dilemas de identidad en el mundo contemporáneo» (pp. 19-40). Buenos Aires: Paidós.

Sobre la influencia de la sociedad en el organismo

«La esperanza de vida varía con al ubicación social. Aún en la sociedad norteamericana contemporánea existe gran discrepancia entre la esperanza de vida de los individuos de clase baja y de los de clase alta.

Además, tanto la incidencia como el carácter de la patología varían según la ubicación social. Los individuos de clase baja suelen ponerse enfermos con más frecuencia quel os de clase alta; asimismo, tienen enfermedades diferentes. En otras palabras, la sociedad determina cuánto tiempo y de qué manera vivirá el organismo individual. Esta determinación puede programarse institucionalemente ne la operación de controles sociales, como en la institución del derecho.»

BERGER, P. y LUCKMANN, T. (1993). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu, p. 223

Toma ya.

Instagrindr

person holding Android smartphone

Ayer me escribe un pavo por Instagram, que hola, que qué tal, que de dónde soy. Hasta ahí todo raro, pero nada del otro jueves. Instagrindr.

A la 1.30 de la madrugada me suena el teléfono. Me despierto y lo cojo porque a esas horas uno se espera lo peor. Oigo que cuelgan. Miro a ver quién es. Era el pavo.

Le escribo preguntándole que qué ha pasado y que por qué me había llamado. Yo estaba más cabreado que una mona. Me dice que se había equivocado, que le perdonara, que estaba muy avergonzado. Le digo que no pasa nada. Él añade: «pero si quieres, te llamo». Me quedo estupefacto pero no respondo.

Apago la luz. Me doy la vuelta. Intento dormir y a los diez minutos vuelve a sonar el teléfono. El mismo tío. Obviamente, lo bloqueé.

La gente tiene formas muy raras de ligar.

La meritocracia de la felicidad

collage photo of woman

Los estereotipos de género y los estándares de belleza no son las únicas ideas a las que nos exponen los medios de comunicación: el 75% de las veces que sale un enfermo mental en la televisión lo hace mostrando un comportamiento violento ​(Harper, 2005)​ y, además, estos personajes son diez veces más proclives a actuar al margen de la ley ​(Diefenbach and West, 2007)​. O sea, que además de los roles sexistas y unos estereotipos de belleza que priman la delgadez frente a la salud, también nos están haciendo creer (o nos estamos dejando convencer) de que las personas con problemas de salud mental son peligrosas y pueden ser criminales.

Este sesgo tiene dos consecuencias: la primera es que no queremos tener a nuestro alrededor a personas que sabemos que tienen un diagnóstico , p. ej., de esquizofrenia, aunque la evidencia apunte a que, si está tratada, se producen menos casos de agresión a terceros. En todo caso, no tratada es responsable de de comportamientos violentos con un 30% más de frecuencia que con respecto a la población no diagnosticada y, en todo caso, las cifras no están claras ​(Li et al., 2020)​. Lo importante es que si conocemos a una persona con esquizofrenia es porque ésta ha recibido un diagnóstico, y si ha recibido un diagnóstico, probablemente tiene tratamiento. De ser así, la probabilidad de que sea violenta es igual o menor que cualquier otra persona. Pregunta: ¿no hay muchos pacientes que se dejan los tratamientos médicos? Sí, un 50%, pero hay otros factores que pueden influir en la tasa de adherencia al tratamiento, como el círculo de apoyo de los pacientes, el sistema de salud y, atención, sorpresa, la pasta: cuanto más pobre seas, más chungo lo tienes ​(Cañas et al., 2013)​.

La segunda consecuencia es que las personas que tienen diagnósticos psiquiátricos y sus familias tienen que soportar un estigma: decirle a alguien que eres bipolar o que tu hija tiene anorexia es el nuevo salir del armario o es incluso más difícil. De ahí se deriva la cultura del «soy súper feliz», «¿has probado con la meditación?» y el «aquí, sufriendo» de Instagram. La infelicidad está mal vista, es obligatorio ser optimista, disfrutar en familia o con amigos y pasarlo siempre súper bien y quien no está siempre en un estado de satisfecha embriaguez con su vida es porque no quiere. Los amargados de toda la vida. Esto es otra manifestación del «si quieres, puedes», «no trabaja porque le gusta vivir de las ayudas» y demás tonterías basadas en la ley del esfuerzo y en el todos somos libres.

Vamos, nada nuevo: ni la depresión se cura con yoga, ni hace falta ser bipolar para liarla parda, ni el cáncer se cura siendo optimista.


Referencias

  1. Cañas, F., Alptekin, K., Azorin, J. M., Dubois, V., Emsley, R., García, A. G., Gorwood, P., Haddad, P. M., Naber, D., Olivares, J. M., Papageorgiou, G., and Roca, M. (2013). Improving Treatment Adherence in Your Patients with Schizophrenia. Clinical Drug Investigation, 97–107. https://doi.org/10.1007/s40261-012-0047-8
  2. Diefenbach, D. L., and West, M. D. (2007). Television and attitudes toward mental health issues: Cultivation analysis and the third-person effect. Journal of Community Psychology, 181–195. https://doi.org/10.1002/jcop.20142
  3. Harper, S. (2005). Media, Madness and Misrepresentation. European Journal of Communication, 460–483. https://doi.org/10.1177/0267323105058252
  4. Li, W., Yang, Y., Hong, L., An, F.-R., Ungvari, G. S., Ng, C. H., and Xiang, Y.-T. (2020). Prevalence of aggression in patients with schizophrenia: A systematic review and meta-analysis of observational studies. Asian Journal of Psychiatry, 101846. https://doi.org/10.1016/j.ajp.2019.101846

Prejuicios y estereotipos: su función social

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Los prejuicios sobre terceras personas tienen una razón cognitiva, e. d., que para no tener que estar analizando continuamente los hechos de la realidad, tendemos a simplificar algunos de estos procesos porque si no, no habría forma de sobrevivir. Si tuviéramos que procesar toda la información de lo que vemos, oímos y sentimos, nos llevaría tanto tiempo que tenemos que gestionar toda esa información con eficiencia. Una de las formas de hacerlo es descartar una gran parte de la información y procesar sólo aquello que es relevante para generar grandes bloques de información que pueden ser procesadas de forma rápida y eficiente. Los prejuicios, como dijo Allport, son los procesos de categorización que efectuamos para evaluar a un individuo (sobre todo si pertenece a la minoría) y saber con rapidez de qué forma comportarnos o qué se espera de nosotros.

Los estereotipos son los modelos que utilizamos para categorizar a otros individuos y se basan en la misma premisa: para reducir la cantidad de información que procesamos, analizamos únicamente los aspectos que nos ayudan a categorizar a la persona y descartamos una gran parte de información que, en esa situación, no consideramos relevantes. De esa manera, simplificamos y sistematizamos el análisis de la realidad. Tajfel dijo que cuando una gran cantidad de gente genera los mismos procesos, nos encontramos ante un estereotipo: si un grupo grande realiza los mismos procesos de categorización respecto a terceros, nos encontramos ante un estereotipo.

Cuando vemos a una persona gorda y creemos que come mucho, no se mueve y no se cuida en general, estamos realizando un proceso de generalización a partir de una idea aceptada socialmente: no tenemos ninguna evidencia que nos lleve a pensar que esa persona, en realidad, no para de comer por ansiedad y se queda tumbada en el sofá mirando el móvil sin moverse en todo el día. Igual sí. Igual no. No lo sabemos. Pero resulta mucho más sencillo asumir que su comportamiento es ése que pararnos a pensar cómo lleva su vida, si está sana o si le va a dar un ataque al corazón. Y aunque estar gorda te ponga en situación de riesgo, no vas a tener un infarto sólo por estar gorda. Pero quién soy yo, no soy médico.

Reconocer que los estereotipos pueden tener una función psicológica no significa justificarlos ni creer que las acciones discriminatorias derivadas de los prejuicios deben permitirse.

FIN.

Maestras, no docentes

students sitting on brown wooden table

Pierre Bourdieu dijo que, en las zonas intermedias de las clases sociales, cuando el capital económico o cultural no es suficiente para establecer la posición social del individuo, son necesarios otros indicadores fiables para determinar esa posición. Uno de estos indicadores es la educación superior completada o la profesión. A falta de signos que sitúen a la persona en un extremo u otro de la escala social, o sea, a no ser que veamos que la persona es pobre o está forrada, necesitamos obtener más información para situarla socialmente. Por eso nos parecen tan importantes datos como la profesión. Juzgamos de forma diferente una persona que va en chándal y lleva en la mano un smartphone si sabemos que trabaja en el supermercado o si es jueza. Averiguar la profesión nos permite saber qué relación tenemos con esa persona en términos de distancia social y quién dispone de más capital económico.

Aclarado esto, Bourdieu observó que los maestros y las maestras de primaria en francia Francia usaban la palabra «enseignantes», que puede usarse para profesoras de universidad, en vez de «instructeurs». Eso le llevó a pensar que esos indicadores de las zonas intermedias de la distribución social son susceptibles a ser modulados por la visión que tienen los individuos de su propia profesión. El uso de «enseignante» le permite a una maestra acercarse socialmente a una profesora universitaria. Aquí no se trata de valorar las causas detrás de esa voluntad de acercamiento social o quién está «por encima». Pero el fenómeno es el mismo: se utiliza «docente» para aproximar a los individuos de manera que la distribución social aparente ser otra. Una maestra y una profesora universitaria no son más o menos la una respecto a la otra. Son diferentes socialmente porque la valoración social que se hace del individuo es diferente. Dicen «más pobre que un maestro de escuela», no «más pobre que un profesor asociado», aunque el segundo gane menos.

Bourdieu concluye que la selección de las palabras en esas zonas medias de la escala social reflejan las diferentes formas de la «presentación de sí» de Goffman. Decir «docente» en vez de «maestra» te permite presentarte desde una posición social alternativa. Todo este rollo para decir lo que sospechaba: que se dice «soy docente» para no decir «soy maestro» porque muchas maestras y muchos maestros se avergüenzan de serlo, como dije aquí. Enseñar en primaria todavía se asocia a la pobreza, a veces a la exclusión social, al ridículo y a la baja capacidad intelectual.

La enseñanza primaria está en la base del progreso social. Maestras, administrativas, administradoras, personal de limpieza, de cocina y de mantenimiento son parte de esos mecanismos de garantía de justicia social y son tan imprescindibles como el personal de enfermería y medicina o todas las personas que garantizan que los procesos judiciales se ejecuten con garantías para todo el mundo.

Sin maestras tampoco hay futuro y mientras este país siga ridiculizando y atacando a la enseñanza primaria no tenemos nada que hacer.


BOURDIEU P. (2000). «¿Cómo se hace una clase social?». En Poder, derecho y clases sociales. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Ronda de memes sobre lenguas, lingüística comparativa y filología.




El ebónico: la filología como herramienta de segregación racial

empty classroom

El ebónico es el sociolecto del inglés que hablan los negros en Estados Unidos. Usar este término implica asumir que, primero, esta habla es una lengua diferente del inglés americano y, segundo, que es una lengua tipológicamente cercana a las lenguas criollas ; vulgo: es una mezcla de elementos estructurales indoeuropeos (del inglés) y de las lenguas Niger-Congo de África Occidental.

Aunque no existe un término universalmente aceptado, se suele utilizar African-American Vernacular English para referirse a esta habla. La filología está de acuerdo en que es una variedad del American English y que no es defendible categorizarla como una lengua criolla emparentada con las lenguas del África Occidental. Es ridículo. Pero es un arma ideológica para justificar la segregación de los estudiantes según diferencias de clase las adaptaciones curriculares de colectivos pobres. “Que tengan la piel negra no tiene nada que ver. Es que hablan una lengua diferente.” A partir de ahí, podemos justificar que pongamos a los niños negros en grupos específicos, o lo que es lo mismo, separar a los niños negros de los blancos.

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