La psicobiología y yo: segundo asalto

Acabo de leer un tema completo de psicobiología. Ya llevo dos. El primero, el de los tipos de neuronas y la anatomía celular me amargó. Éste ha sido sobre el transporte de las membranas celulares, la función de los lípidos, la difusión, la permeabilidad de las membranas y toda la pesca. No me ha ido tan mal porque he podido entenderlo gracias a que hay gente buena que cuelga vídeos sobre todos los temas –¡gracias, internet!–, que si tuviera que haberlo entendido leyendo el libro de texto, ahora mismo estaría colgando de un árbol o desangrándome en la bañera, en vez de estar perdiendo el tiempo aquí. Lo que he estado haciendo es leer los apartados, ver los vídeos, volver a leer los apartados y tomar notas.

La neurona (Wikipedia)

Hace más de 20 años que no me pongo a estudiar nada de biología, ni de química y creo que he perdido la capacidad de leer estas explicaciones adecuadamente. Los potenciales, los lípidos y las cargas eléctricas me suenan a chino. Pero lo peor es que el libro no es autorreferencial hasta mi nivel, así que cuando explica un proceso, no entiendo un pijo porque el propio texto no explica los conceptos, sino que se limita a enumerarlos:

De forma general, se puede decir que los fosfolípidos están conformados por un glicerol unido a un grupo fosfato y a dos cadenas de hidrocarburos que pueden ser ácidos grados o isoprenoides.

Del archivo que nos ha enviado la profesora

Mi problema no es entender la frase, sino las palabras. No sé qué es un fosfolípido, ni un glicerol, ni un grupo fosfato, ni una cadena de hidrocarburos, ni un ácido graso, ni un isoprenoide. Así que me toca ponerme a buscar por internet qué significa cada palabra; la mayoría del material de referencia está en inglés, con lo que después de leer el texto, tengo que establecer los puentes con las palabras en castellano.

En el fondo es lo mismo que me pasaría si leyera un texto en gótico: la gramática me la sé, o sea que entiendo cómo se relacionan los elementos de las frases entre sí. El problema es que, al no saber el vocabulario, me pasaría horas y horas intentando encontrarle el sentido al texto. Pues aquí igual: en el tiempo que invierto en entender qué es un glicerol o un grupo fosfato, he perdido las ganas de continuar y he adquirido un profundo sentimiento de frustración, combinado con las ganas de matar habituales.

Si lo sé antes, me pongo a estudiar historia.

Arf, he conseguido que salga el candadito verde como página segura. La verdad es que no sé muy bien lo que he hecho, pero he aquí los pasos que he seguido:

  • En el hosting (estoy en Dreamhost), le he dado a “conexión segura”.
  • He editado el .htaccess para que fuerce la conexión segura con este código:
RewriteEngine On
RewriteCond %{HTTPS} !=on
RewriteRule ^(.*)$ https://%{HTTP_HOST}%{REQUEST_URI} [L,R=301] 
  • He ido a ajustes > general y le he dicho a WordPress que la dirección siempre empieza por https.

Voilà!

¿Votaré?

He oído cienes de historias de terror sobre españoles en el extranjero que han querido votar en las elecciones en España y no han podido, no les han dejado, las papeltas han llegado tarde o la conjunción de Júpiter con Saturno en Piscis ha conspirado para que no pudieran. Hoy ha salido un artículo en El País sobre dos millones de españoles que van a quedar atrapados en el doble calvario del voto rogado. Por favor, que alguien lo escriba con más drama e intensidad, que todavía no estamos suficientemente ansiosos.

A continuación me he ido a la web de la embajada española en Copenhague para informarme sobre lo que tengo que hacer para votar desde aquí. En el menú hay una opción que dice Procesos electorales y he hecho click. La página está vacía. Igual es que las instrucciones para votar desde aquí son secretas excepto para los que han pasado el calvario. ¿Y si el calvario es una palabra secreta escrita en código?

No voy a coger un avión para votar en España por razones evidentes y tampoco sé si puedo votar después de inscribirme en el registro consular.

Por razones como éstas estoy contando los meses para poder pedir la nacionalidad danesa. Es una pena, pero qué le voy a hacer.

La Alicia en el País de las Maravillas de 1915 es muy yuyante. Pero es maravillosa.

Me meo. Leed el hilo completo.

“El cuarto de la criada”, de Fiona Mitchell

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Me compré El cuarto de la criada por casualidad, dando una vuelta rápida por la FNAC y a punto de irme. Leí la contraportada y decía algo así como el nuevo The Help. La novela va de criadas que lo pasan fatal porque las señoronas malas les hacen la vida imposible, chantajeándolas con la deportación. Excepto la que hace de Skeeter –o sea, la señora que debe ser malísima pero que resulta ser buenísima porque no entiende la crueldad hacia las criadas– las demás son unas brujas ahostiables que se merecen la ruina económica para no poder irse de cócteles al club de golf. Por malas pécoras.

Reglas esenciales para la organización del servicio doméstico extranjero:


1. Seguridad: Las criadas pueden generar muchos problemas en este sentido. Por ello te recomiendo guardar bajo llave su pasaporte, sobre todo si se ocupa de cuidar a tus hijos.


2. Relaciones: No debes permitir que tenga novio. Al fin y al cabo, un embarazo significaría su deportación y podrías verte obligada a pagarle el vuelo de regreso a casa.


3. Alimentación: Aconsejo separar su comida desde el primer día. Por ejemplo, yo tomo café Illy, que cuesta veinte dólares el paquete. ¡No esperaréis que lo comparta con ella!

Estas reglas son algo que la joven Jules, recién llegada a Singapur, no consigue comprender del todo, por mucho que sus nuevas amigas insistan en que son necesarias para manejar al servicio filipino.
Frente a esas señoras privilegiadas, las doncellas como la joven Dolly o su rebelde hermana Tala, soportan esa situación escandalosamente injusta a cambio del dinero necesario para mantener a sus familias. Pero, ¿hasta cuándo aguantarán sin rebelarse?

De la editorial
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Fiona Mitchell

No está mal, se lee en dos ratos, pero es cierto que se parece mucho a The Help. Pero mucho, mucho. Como ya te avisan en la contraportada, no puedes evitar la comparación de una con la otra. Las similitudes llegan a que algunos personajes tengan exactamente los mismos problemas y los solucionen de la misma forma después de tener los mismos conflictos entre ellos. Además, parece que nunca termina de despegar: hay muchísimos personajes que, francamente, no me interesaban –excepto uno, y no era la protagonista– y me hubiera gustado que no hubiera pasado tan de puntillas por algunas escenas. O que las hubiera eliminado. Al final iba todo tan rápido que estuve a punto de que me diera un ataque de epilepsia lectora. En definitiva: menos personajes, menos historia, menos problemas y menos diálogo. Y como está todo contado en presente, interviene un niño con hiperactividad y hace tanto calor, al final necesitas un valium y darte una ducha.

En general, lectura de piscina. O de tarde de domingo. Pero lluviosa.

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